septiembre 21

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Relato erótico: “El balcón”

Son aproximadamente las 10 am cuando salió hacia el balcón, en una mano un vaso con agua helada en la otra la toalla blanca colgando en su antebrazo, con dos paredes en los balcones de las habitaciones contiguas además de una terraza que le brindaba el escondite más cercano se dispuso a mirar hacia el mar y disfrutar la brisa en el viento

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Sabía que tenía tiempo de sobra antes de reencontrarse en la playa con su familia e ideas como esta le habían rodado por la cabeza desde tiempo atrás, baja la mirada, tantas personas en la piscina tantos hombres que no retiraban la vista de su cuerpo desde que llego al hotel, ¿seria acaso posible que alguno imaginara lo que se disponía a hacer? Tal vez ninguno lo hubiese sospechado pero a muchos les hubiese gustado imaginarlo.

Sentada y con un último suspiro tomó entre sus dedos el cordón de la parte posterior del bikini color rosa comenzando a tirar, sintiendo como la presión que abrasaba su espalda disminuía, fue entonces que la tela que envolvía sus pechos cedió y la prenda solo colgó.

Había puesto atención a cada detalle encontrándose en el piso más alto se sentía segura para continuar llevando sus brazos hacia arriba, ahora con sus manos en el cuello tomó el cordón y en un solo tirón su prenda superior cayó. Llevo sus hombros adelante sintiendo pudor, escuchaba las voces de la gente jugando en el agua, divirtiéndose y relajándose, cuantos hubiesen querido ver aquella escena de aquella hermosa joven, fue hacia atrás apoyándose con el brazo derecho sobre el suelo mientras su mano izquierda liberaba el arreglo en su cabello bastando solo dos movimientos a cada lado en su cabeza para que los lienzos rubios se deslizaran por su espalda y otros quedaran sobre sus hombros, ahora sus oídos solo escuchaban el rugido del mar, nuestra joven protagonista se recostó sobre la toalla por completo doblando las rodillas, metió ambos pulgares a los costados por debajo de su tanga comenzando a deslizarla lentamente disfrutando la sensación de su prenda recorriendo sus muslos hasta topar con sus rodillas decidiendo entonces dejar que callera hasta sus pies.

Alzando la mirada observaba las gaviotas, mientras el sol era su testigo ahora se encontraba desnuda, ¿Qué habría en aquel húmedo clima que la llevo a realizar lo que solo había pensado sin considerar en llevar a cabo?, así después se volteó boca abajo apoyando el mentón sobre sus manos disfrutando el calor en su cuerpo e imaginando como el sol iluminaba aquella tan bien cuidada blanca piel. Sabía que no podía quedarse mucho tiempo así pues los estragos de las quemaduras la acompañarían durante días por su color, más no le importó mucho, desde pequeña siempre fue cuidadosa con su cuerpo y un solo momento como este no la llevaría a arrepentirse.

La idea de estar siendo observada cruzo por su mente, habría despertado un desesperado deseo en cualquier hombre de poseerla en el instante, de sorprenderla llegando para besarla mientras sus ojos entrecerrados disfrutan la presión de masculinas manos y un torso sobre su cuerpo, pero se negaba a llevar sus mismas manos para satisfacer sus emociones puesto que nunca en su vida conoció más que roces en su adolescencia de unas cuantas ocasiones, estaba despertando un éxtasis que después buscaría satisfacer.

Entonces ella volteó para después sentarse tomando el vaso con agua fría que dispuso para ella en el momento de un asalto de sed, en el primer contacto observó como ya casi el hielo había desaparecido llevándolo hasta los labios dando un sorbo y las gotas que sudó aquel vaso empezaron a caer sobre su vientre., la reacción la sobresalto un poco porque pudo sentir de golpe aquel frio en su piel, se quedó un momento observando cómo las gotas escurrían solo centímetros para desaparecer entre su ingle. Más ahora fue ella quien derramo un poco del liquido entre sus pechos reaccionando con la boca entreabierta y un suspiro intenso mientras observaba el fluir llegando a sus caderas desbocando atreves del volumen de sus muslos, ya en aquel momento la reacción de las partes mas sensibles la obligaron hacerlo una vez mas ahora desde su cuello dejando que con el fluir de aquella minúscula corriente sus pechos fueran refrescados quedando humedecidos como dos montañas después de la lluvia que baja depositándose en alguna laguna, pero esta se escurría llegando entre sus piernas hasta llegar a sus firmes glúteos. No podía ver su rostro pero sabía muy bien por la temperatura en sus mejillas el color que este reflejaba no siendo provocado por la reacción de los luminosos rayos de sol sino por su creciente excitación.

Es ahora cuando se hacía presente la lujuria en su ser diciéndose para sí misma:

– Aridne debes estar volviéndote loca.

Se tumbó una vez más sobre la toalla y cruzando ambas piernas hasta sentir la presión muslo con muslo mientras llevaba sus manos a la nuca, se relajo un instante acariciando su cabellera, bajando así a su cuello para después rozar con nada más que sus palmas aquellos ya erectos pezones rozados, tomo la toalla para envolverse atravesando los extremos de la misma por delante de su torso e incorporándose miro una vez más hacia el mar imaginando que aquellas olas que con tanta fuerza llegaban a la playa se esforzaban por poseer aquella beldad que disfrutaba en aquel momento de tan tremenda jovialidad. Para cuando terminaron de asaltarla aquellos pensamientos, bajó la mirada descubriendo como muchos de los hombres que andaban por aquel hotel, miraban desde lejos aquella hermosa joven con una toalla cubriendo su desnudo cuerpo blanco:

– ¿alguno de ellos sospechará que no llevo prenda alguna?- seguro que no lo sabría, pero si daba por seguro que todos aquellos que pudieran reconocer a la chica que llegó apenas un día antes deslumbrando con tan tremenda belleza fuese aquella del balcón desearían que así fuera.

Sopló el viento más y más y su cabello en su cara se enredo mientras ella miró por última vez al sol agradeciendo su silencio además de compañía, dio media vuelta abrió la puerta de la habitación para realizar su último capricho, y fue entonces que Aridne la toalla dejó caer alzando en lo alto los brazos girando la cabeza hacia atrás, observó que en lo alto del edificio contiguo al hotel había dos hombres mirando donde ella se detuvo y la toalla dejó caer.

Fuente eliterelatos.com