Relato erótico: Sexo, mentiras y mensajes de Whatsapp

-Yo lo recuerdo todo
-¿Todo?
-Si,todo
-Eso es un montón
-Si…yo no te lo aconsejaría

-¿Mientes mucho?
-Depende. ¿Qué es para tí mucho?
-Lo suficiente para que te llamen mentiroso

Había salido de la ducha con esa sensación que una tiene justo después de haber tenido unos minutos de reflexión, de cerrar los ojos y dejar que el agua caliente recorra todo tu cuerpo, mientras te has dejado llevar, tus manos han volado solas y tu imaginación regresa tras la sesión nocturna de esas que son dignas de mención, de volver a recordar de nuevo. La cantidad de decisiones que habré tomado en esos momentos…

En el dormitorio, todavía ataviada con el albornoz blanco, miraba entre el cajón de la ropa interior qué conjunto podía ponerme para impresionarle esa tarde en la que muy a mi pesar, y más el suyo, lo único que quería, era mostrarle un pequeño adelanto de lo que le esperaba si era capaz de decirme qué era lo que deseaba hacer conmigo.

Empecé por pintarme las uñas de los pies color granate. Continué alisándome el pelo, untándome la crema corporal, echándome perfume. Me miré al espejo. Estaba completamente desnuda, tan solo el conjunto de ropa interior que finalmente había seleccionado. Miré el móvil. No había ningún mensaje. En el último que había recibido de él, me confesaba que me echaba de menos. Suspiré.

Me di cuenta de la necesidad que tenemos en la vida de sentirnos vivos, de notar ese cosquilleo, esa eterna sonrisa, esas ganas de que llegue ese momento de volverle a ver: «si te voy a ver a las nueve, empiezo a ser feliz por ejemplo, desde las cuatro…» y todas esas sensaciones que aunque algunos se molesten en ocultar y otros se empeñen en vivirlo a toda costa, en algún momento, nos atrapa.

Hay quienes son unos expertos en despertar esas emociones y también los que se dejan seducir porque necesitan encontrarse al hallarse perdidos en medio de sus dudas, incertidumbres, problemas varios con diferentes apellidos y porque llega un punto en el que crearse una realidad paralela hace que nos mantengamos vivos. Y es que nuestra cabeza, suele perder las batallas que libra con nuestro instinto, ese que nos hace querer encontrar quien haga latir de nuevo el maltrecho corazón.

Todo en la vida tiene un precio. Y las cosas no suceden donde ni cuando queremos. Te das cuenta de que la sirenita es menos tímida de lo que nos hacía creer en un principio. Que con su voz y sus gestos ha despertado un sentimiento adormecido en ciertos caballeros de armadura oxidada. Y que quizás el que siempre está acostumbrado a rescatar sea el rescatado.

Puede que a pesar de los pesares, a los gladiadores modernos, o eso quiero creer, les late el corazón tras ese pecho a causa de un par de tacones rojos que escribe letras enrevesadas con mensajes sutiles.

Hablando por teléfono con un buen amigo, me dio a entender algo: Si no quieres que algo no se sepa, no se lo digas a nadie. Pero siempre hay algún avispado con el ojo afilado que encuentra. Porque el que busca, haya. Aunque no sea lo que uno quiere, aunque no sea lo que uno espera. Pero también le digo que es inevitable. El silencio muchas veces dice más. Solo hay que saber escuchar. Y a pesar de eso, uno escucha lo que quiere.

Puede ser que el sexo solo sea cuestión de un encuentro casual, o de un escenario preparado. Pero para otras personas quizás hay algo más allá, ese roce casual que te hace despertar del letargo en el que te mantenías durante tanto tiempo, o de una sonrisa que mejora tu rutinario día. O un mensaje que al comenzar el día te da la fuerza suficiente como para terminarlo. O una caricia en el pelo regreso a casa, o un “¿cómo te ha ido el día?” O…

Cualquier excusa es buena, lo reconozco. Hay días que con cualquier cosa me conformo, pero hay días que sí, tengo ganas de ti. Imagino que te pasará lo mismo. Aunque lo manifiestes a tu manera.

«A la gente hay que decirle lo que quiere oír», hasta que llega el día que te lo dicen a ti. Entonces ¿mentimos por compasión? ¿por resignación? ¿por supervivencia? Creo que la mentira no es del todo cierta. Ni tampoco del todo falsa. Me explico. En cada trocito de verdad hay una pequeña porción de mentira. Porque sí, «ojos que no ven, corazón que no siente» o sí siente, pero puede que un poco menos. O nos ponemos unas gafas de sol y que sea lo que quiera. De ciegos está lleno el mundo. Hasta que aparecen los mensajes. Y ahora los llevamos todos encima. Y algunos, literalmente.

«Hoy me he acordado de ti», «Me gustaría repetir lo de la otra vez», «necesito que pongas los puntos suspensivos a mi tarde…» y un largo etc, de esos que sabes que necesitan contestación, de esos que hacen que te cruces de brazos, que los ignores, o que el corazón se te acelere. Qué curioso resulta a veces. ¿Verdad? Y nos empeñamos en intentar dudar lo que ya sabemos. Y en ocultar lo que ya es una evidencia. Y aun así, nos cuesta decir: «Si, ya lo se». En lugar de eso sonreímos.

Es como si esto ya lo hubiera vivido antes. Me dejo llevar. Nos dejamos llevar. Pero si lo hacemos es porque queremos. Y no intentemos preguntarnos, porque ya lo sabemos. Nos hace sentir vivos. Y aunque vivas rodeado de barrotes, no hay mayor jaula que aquella que imaginamos en nuestra mente.

Era la hora. Me estaba esperando en la esquina. Un poco de brillo en los labios y un último retoque en el pelo. Miré el móvil. Un mensaje. Lo se. Hay veces que no entiendo esos muñecos que me pones, pero me hacen sonreír, y con eso me doy por satisfecha. Y me alegro cuando sonríes de verdad. “Si quieres volar seré tu cielo”. Hay personas que debería saber que no puedes tener a alguien a tu lado a toda costa. Que si se queda, que sea porque quiere.

Lo se. Lo mejor que le puede pasar a un alma perdida es que se encuentre con otra. Porque nuestra libertad tiene nombre y apellidos. Pero nuestra cárcel, también.

Por cierto Señor Gray, vaya desempolvando una de sus corbatas, la azul marino a ser posible, porque si sabe leer mi mente, ya sabrá lo que deseo hacer con ella. Y aunque viva usted en un primero, vamos a tener que probar ese ascensor, aunque sea un poquito. Lo dejo así, en el aire, delante de los puntos suspensivos. Acepto sugerencias. Y me dejo llevar…

 

Fuente diariodelostaconesrojos