5 cosas que las revistas no nos enseñan sobre buen sexo

Desde la revolución sexual que planteó Cosmopolitan en los 60, las revistas femeninas se han dedicado a darnos miles de consejos para que las mujeres tomemos las riendas de nuestra vida sexual y seamos capaces de disfrutar del sexo como es naturalmente debido (o como antes se pensaba que sólo podían hacer los hombres)

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Usaremos Cosmopolitan como ejemplo por ser pionero y referente en el tema de la sexualidad femenina. Millones de mujeres alrededor del mundo lo consideran la Biblia del Sexo femenino y buscan en ella consejos sobre sexualidad y parejas.

El gran parte aguas de Cosmo fue decirle a las mujeres que ellas son responsables de su propia sexualidad, de su cuerpo y de su placer, decirles que llegar al orgasmo es un MUST para la vida y que tenemos las herramientas necesarias para conseguirlo. Esto merece un aplauso y los cientos de documentales que se han escrito sobre esta revolución.

Sin embargo, si analizamos más a profundidad el discurso de la revista (de miles de revistas femeninas) vamos a encontrar algunas lagunas que no empoderan del todo a la mujer. La comunicación que se maneja va enfocada a complacer a un hombre y no a desarrollar una mejor relación con nosotras mismas y con nuestro cuerpo.

Las revistas proponemos artículos sobre cómo mejorar tu relación de pareja, cómo sorprenderlo en la cama, cómo moverte mejor y cómo intentar cosas nuevas, y si bien esto es información útil en un nivel de pareja se quedan un poco cortos en cuanto a reforzar nuestros valores internos para poder disfrutarlo hacia afuera.
Por eso hoy les dejamos 5 sex tips que las revistas hemos estado olvidando:

1. El placer es responsabilidad de 2

Desde el título ya vemos la orientación del discurso: “cómo satisfacer a tu pareja en 10 pasos”, “10 trucos para sorprenderlo en la cama”. OK no estoy diciendo que dejemos de leer estas sugerencias, pero el mensaje aquí es: ambas partes son equitativamente responsables del placer propio y ajeno. La equidad en la pareja debe estar presente desde la cocina hasta la cama.

2. Buen sexo = buena comunicación

Tener buen sexo no se trata de intentar nuevas posiciones todos los días y esperar a que él haga lo mismo. Sí, esto ayuda para salir de la rutina, pero la verdadera clave para tener encuentros sexuales placenteros es la comunicación.

Decir qué te gusta, cómo te gusta, qué expectativas tienes, si no tienes ganas por qué no tienes ganas, y todas las cosas que rodean el sexo es lo que crea una verdadera intimidad en la pareja. Y cuando una pareja está unida íntimamente experimenta el mejor sexo en promedio, es decir, no tienen UN buen encuentro sexual seguido de 200 malos, sino que en promedio disfrutan y gozan más de estar con su pareja aunque haya encuentros no tan mágicos y otros demasiado orgásmicos.

La comunicación es la clave.

3. Lo clásico también es cool

Desde la revolución sexual femenina todo a nuestro alrededor parece gritar que debemos ser unas fieras en la cama, elevando las expectativas tanto de hombres como de mujeres. Sí, es bueno arriesgarse, intentar, aventurarse, pero también es bueno que no te guste todo eso. En cuanto al sexo no hay reglas, sólo preferencias, y si lo tuyo es el sexo regular, en la cama, de misionero con la luz apagada, si eso te hace feliz y te hace llegar al orgasmo, y te conecta con tu pareja y te hace ver estrellas, ¡no tiene nada de malo!

4. Tu cuerpo es perfecto

Ejercicios Kegel, yoga, pilates, meditación, sexo tántrico, pole dance… todo buscando mejorar nuestras relaciones sexuales. Sí chicas, todo esto funciona, pero el discurso de fondo debería ser mejorar nuestro cuerpo para nosotras mismas, por salud, por gustarnos más a nosotras, y tener buen sexo debería ser una consecuencia adicional a un régimen de vida saludable.

Muchas revistas nos sugieren hacer millones de cosas para cambiar nuestro cuerpo a fin de complacer al otro… Es un ataque sutil pero muy directo a nuestra autoestima. Nuestro cuerpo es perfecto como es y puede sentir orgasmos y dar placer tanto como cualquiera. Obviamente hay ciertas limitaciones si tenemos sobrepeso o si somos demasiado delgadas, pero son las mismas limitaciones que encontramos si él tiene el pene demasiado grande y a la fecha no he encontrado publicación que les diga cómo reducirlo. Así que tanto hombres como mujeres debemos aprender a lidiar con las limitaciones físicas de nuestro cuerpo y mejorar lo que creamos mejorable pero para nosotros mismos y por consecuencia para nuestra pareja.

Todo es perfectible pero las razones para hacerlo son las que debemos cambiar.

5. Una buena sesión de sexo no siempre termina en orgasmo

OK tener un orgasmo es maravilloso… pero lo tenemos en un mega pedestal que genera demasiada presión para las parejas. Tanto hombres como mujeres lo perseguimos como si fuera el elixir de la eterna juventud y sí, si es fabuloso, pero no todas las buenas sesiones de sexo deben terminar forzosamente en un orgasmo. Aquí entra nuevamente la comunicación, si tu chico terminó y tú no, no quiere decir que él sea malo en la cama o no sea capaz de satisfacerte, si la pasaste increíble mientras tenían relaciones, aunque no hayas terminado, no quiere decir que el encuentro haya sido malo.

Y lo mismo funciona hacia el otro lado. Si él no termina hay muchas razones detrás que no necesariamente tienen que ver con tu desempeño en la cama. Hablarlo es lo importante y quitarle la presión al orgasmo. Ahora chicas, hay que ser objetivas, si NUNCA tienen un orgasmo hay que revisar qué está pasando, o si él tiene demasiados problemas para eyacular… pero en una pareja habrá encuentros que no necesariamente terminen en orgasmos y no por eso son de mala calidad.

Con este artículo no quiere decir que dejemos de leer los miles de sex tips que ofrecen las revistas (¡por favor no dejen de hacerlo!) pero sí nos invita a analizar mejor su discurso y a darnos cuenta de que las relaciones sexuales más placenteras son las que se dan entre 2 personas que se pueden comunicar, que aman su cuerpo tal cual es, que se sienten seguras con ellas mismas y que se preocupan por el placer propio y ajeno en la misma medida

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