inyección de celular febrero 22

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La nomofobia, o de la adicción a las redes sociales

A Lorena S., una catalana rubia e inquieta de 14 años, sus padres la encontraron una madrugada de enero, casi congelada, detrás de un arbusto del jardín

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Corrieron al hospital sin entender por qué su hija, casi inconsciente, no soltaba a ningún precio un desconocido teléfono móvil.

La niña tenía los dedos de los pies casi sin circulación, su presión se había derrumbado y su vida corría peligro. Pero lo peor para los padres vino después, cuando un psiquiatra les informó que su hija padecía de ‘nomofobia’, un intenso pánico a desconectarse de las redes sociales. Se trata, dicen los psiquiatras, de una adicción sin sustancia, pero tan grave como la que producen el alcohol, las drogas y el cigarrillo.

“La ‘nomofobia’ es el miedo irracional a olvidar el móvil. Se deriva de no-mobile-phone phobia, término que salió de un estudio del 2011 en el Reino Unido, el cual reveló que el 58 por ciento de los hombres y el 48 por ciento de las mujeres sufría ansiedad si olvidaba su celular o si se quedaba sin batería, cobertura o saldo. O sea, si se desconectaban”, explica Marc Masip, psicólogo de la Universidad de Barcelona, máster en coaching y fundador de Desconect@, programa especializado en las víctimas de las redes sociales.

Lorena, ‘nomófoba’ desde los 12 años, había bajado sus notas, encogido su círculo de amigos y dejado de compartir con su familia. Su vida se reducía al celular y al computador. Se acostumbró a subir fotos a Facebook en espera de un ‘me gusta’. Para lograr más éxito entre sus pares conectados, subía fotos en biquini y poses seductoras, lo que llevó a que la acosaran en la escuela.

Sus padres le quitaron computador y teléfono. Desesperada y con la conducta propia del adicto, usó su mesada para comprar un móvil en secreto y, usando el wifi de su vecino, comenzó a conectarse de noche desde el jardín, el único lugar donde captaba la señal. Ahí pasaba horas, pese al frío, interactuando en Twitter y Facebook. Al salir del hospital, sus padres la llevaron a Desconect@ (www.programadesconecta.com), donde lleva medio año en rehabilitación.

“Como en el caso de Lorena, el pánico de los ‘nomófobos’ es a enfrentarse consigo mismos, a establecer relaciones humanas. Se reemplaza la comunicación profunda por las redes sociales. Es una adicción que victimiza, fundamentalmente, a personas de entre 12 y 20 años. Fundé Desconect@ para intentar dar una solución en España y, si podemos, en el mundo”, expresa Marc Masip, antes de agregar que España es el país con mayor adicción a la web en Europa. La incidencia de la enfermedad en ese país es del 77 por ciento entre la población de 18 a 24 años. Pero este psicólogo no es el único en alerta por el nuevo fenómeno. El Consorcio EU NET ADB, formado por siete naciones europeas (entre ellas Holanda y Alemania), estudió la prevalencia y la gravedad de la adicción a Internet en los adolescentes de sus países. Los resultados revelaron que los punteros en el problema son España, Islandia y Rumania.

El Consorcio advirtió que usar las redes más de dos horas diarias, así como tener más de 500 amigos en línea, revelan riesgo de adicción. Y España es prueba de que hay una epidemia: si casi el 80 por ciento de los jóvenes de entre 18 y 24 años abusaba hace dos años de las redes, una nueva estadística señala que el 68 por ciento de los usuarios de entre 25 y 34 años es ‘nomófobo’.

Las víctimas de este trastorno son tratadas por los terapeutas como lo harían con un alcohólico, un drogadicto o un fumador compulsivo. Al fin y al cabo, dicen, tienen la misma importancia. Se calcula que los adolescentes que abusan de las redes sociales son cinco veces más propensos a fumar y tres veces más proclives al alcoholismo o al uso de drogas.

El entorno es clave

Los expertos subrayan que el éxito de los tratamientos no se alcanza sin la cooperación de los padres. Estos deben vigilar, controlar y tomar medidas si ven síntomas en sus hijos. La familia, el entorno y el ejemplo son esenciales para la cura.

Lo reafirma Salvador García, doctor en medicina y profesor de psicología social de la Universidad de Barcelona, quien, para dar ejemplo entre sus alumnos, cambió su iPhone 4 por un pequeño modelo de 20 euros, sin Internet pero con linterna y radio. García considera que su aula es una ocasión para marcar valores como el respeto y la importancia de la presencia humana. Para invitar a la reflexión, empieza cada clase con un minuto de silencio, que logra la atención plena de sus alumnos.

Sin cobertura en la escuela Waldorf

La escuela Waldorf Península, de California, ofrece la paradoja de funcionar en un lugar con lo último en tecnología y privar de computadores a sus alumnos. Con un modelo enfocado en las relaciones humanas, la actividad física y el arte, este plantel previene la ‘nomofobia’ desde la primera infancia. Con eso ha conquistado a los padres más tecnológicos del mundo: el 75 por ciento son funcionarios de firmas como Google, Apple, HP y Microsoft. “Mandé a mis dos hijos a Waldorf porque prefiero que crezcan con un libro a que lo hagan con un computador, que es solo una herramienta. El que tiene solo una brocha cree que todos los problemas son de pintura”, dice el ingeniero suizo Laurent Didier.

Fuente eltiempo.com