Travestismo Extremo

En un artículo publicado en este mismo blog el 31 de mayo pasado se proponen ciertas definiciones básicas para Homosexualidad, Travestismo, Bisexualismo y Transexualismo

travesti

En la vida real, a veces es un tanto insuficiente el contar con estas definiciones básicas por cuanto ciertas personas pueden presentar combinaciones o variantes que incluyan indicadores de varias de esas condiciones y es, por tanto, difícil definirlas o clasificarlas en esta o aquella categoría. El juicio y experiencia del clínico son los que pueden resolver estos acertijos, según la información que obtenga.

Popularmente se utiliza la palabra travesti no solamente para identificar–como lo definimos originalmente- a aquel individuo (usualmente un hombre) que requiere de la práctica de vestir atuendos del sexo opuesto con lo que experimenta placer –a veces erótico- pero que no necesariamente es un homosexual; sino para muchas variantes del comportamiento sexual humano que definitivamente no le corresponden.

En un caso clínico reciente, que someto a discusión pública con la debida autorización del consultante y protegiendo su identidad, le he propuesto trabajar bajo la idea de que es un travesti y no un transexual como él ha pensado que sería.

En su historia de vida reporta que se le hace necesario, y a veces indispensable, vestirse con atuendos de mujer y actuar como tal en labores que parecen propias de ese género para excitarse tanto tiempo como sea posible sin eyacular porque en ese momento “se desvanecen el deseo y la fantasía”. Durante los episodios, la imaginería como mujer es tan fuerte que frecuentemente desea cambios en su cuerpo para asumir fenotipia femenina: aparición de senos y desaparición de pene y escroto, tal vez reemplazados por vulva y vagina…

Esta imaginería extrema puede llevar a pensar en catalogar la condición como transexualismo y con mayor razón si se conoce que ha llegado a extremos de considerar ingestas hormonales para cambiar su aspecto. Sin embargo, mientras no está viviendo los episodios descritos, su pensar y actuar se corresponden totalmente con el género y con el sexo masculino: Es casado, tiene hijos y NUNCA ha considerado seriamente una relación sexual homosexual por cuanto los hombres NO LE ATRAEN.

Esto último, a mi juicio y en contra de las inquietudes del consultante, deja claro un caso de travestismo extremo en el que el juego de roles que requiere para su excitación y satisfacción pasa sobradamente los límites de la definición básica pero no permite cambiar la clasificación de su preferencia sexual: Es travestismo.

Ante esta perspectiva clínica, entendiendo que para cualquier persona desprevenida y prejuiciosa que presenciara un episodio tan histriónico ello puede representar un choque emocional e incluso estético, en realidad no pasa de ser una forma exótica en la que una persona busca excitación y placer sexuales.

No es un pervertido o psicópata, como podrían tildarlo algunos. Es una persona que requiere de un contexto diferente para lograr su placer sexual y no es muy diferente de otros que también requieren contextos exóticos pero a quienes no juzgarían tan duramente.

Tal vez sea difícil para cualquier pareja aceptar y hacer parte de este juego de roles. Tan difícil como es para ciertas personas ver a su pareja masturbándose o requiriendo de ciertas escenografías o fetiches para lograr su excitación y placer sexuales (léase, p.e., el artículo sobre Moteles Temáticos en este mismo blog); pero lo descrito es tan lícito como lo es el involucrar juguetes sexuales o diversas posiciones para incrementar el deseo y la excitación.

Juzguen ustedes…

 

Fuente sexualidadinteligente

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