mayo 22

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Relato Erótico: Ciber Sexperiencias: versión 3.0

“Estando yo misma en llamas, incendio a otros”

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Los ex siempre vuelven. Y generalmente para pedir algo. O quieren que vuelvas con ellos, o quieren recuperar algo que era suyo, o que piensan que les pertenece. Lo siento, el pasado es de nadie. El pasado se desintegró. Lo mismo que cuando crees que algo se terminó pero no. No hay más mentiroso que el que se engaña a sí mismo, pensando que eso no es posible, que eso no está bien, que de ninguna manera va a volver a caer en la tentación, que lo vas a intentar eliminar de tu vida y de tus redes sociales. Ya. Y por eso a la mínima de cambio apareces saludando, haciéndote presente… “Maldita sonrisa que aún sabiendo lo que esconde hace que me arrastre a sus labios…”

Hemos llegado a límites que se escapan de la lógica natural. Hablando el otro día con una de mis amigas, concluimos que las relaciones, obviamente, no se asemejan a nada a lo que eran antes, al menos, en una parte. Ahora hablas más por tu pareja por WhatssApp que en persona, tienes al alcance de un clic infinidad de contenido para adultos que con un simple: “Sí, soy mayor de edad”, accedes a todo, más de lo que podrías ver en cualquier burdel de carretera de letrero luminoso, donde al menos, un hombre, te pide el carnet. Aplicaciones que en teoría te ayudan a facilitarte tu día a día, a controlar todo lo que te rodea, a estar continuamente conectado a perfiles de usuarios, a historias que se relatan cada segundo, a fotografías que son parte de nuestra intimidad, a hombres y mujeres que están ahí, pero que necesitan “algo más”, a páginas de intercambios de parejas, a redes de reclamo para hacer tríos, a voyeurs que andan a la caza y captura de la mejor postura, a infidelidades convertidas en momentos compartidos con desconocidos más o menos, que al terminar, cierran la pantalla y prosiguen con su vida reconocida, con adolescentes avispados, adúlteros incautos, separados que buscan hacer realidad las fantasías que con sus mujeres no realizaron, mujeres que desean experimentar lo que no son capaces de decirles a sus maridos… Un suma y sigue infinito que nos lleva al país de nunca acabar. Porque aquí siempre se está inventado todo. Y quien diga que en el sexo poco queda ya por ver, es que no ha visto nada.
Mi amiga me sorprendió cuando me enseñó la conversación que mantuvo con un hombre recientemente. Y es que las rupturas pueden hacer que uno quiera saltar rápidamente ese vacío que se queda, y que desee a toda costa encontrar un repuesto que supla esos mensajes cariñosos nocturnos, esa ilusión de volver a arreglarse con algún pretexto, y por qué no, sentir que alguien le desea, aunque no nos engañemos, somos capaces de creernos cualquier palabra. Aunque nos hayamos repetido mil veces que no nos vamos a dejar llevar más.
¿Si sabemos que algo está abogado al fracaso, por qué insistimos? ¿Es que creemos que en algún momento de la historia va a dar un giro la trama y va a terminar bien? Ella sigue empeñada en que no tienen nada serio, pero busca y rebusca a ver si encuentra otros “Me Gusta” en fotografías de otra. ¿Tanta importancia le damos? Lo cierto es que sí, se la damos porque nuestro instinto nos dice que lo mismo que anda tras nuestros pies, se deja llevar por los de cualquier otra. Nuestro olfato femenino nos da gritos de alarma: “no es de fiar”, pero nos adentramos peligrosamente esperando equivocarnos. Eso sí, muy dignas nos recolocamos la falda y nos acicalamos el pelo al exclamar en voz alta y clara: “No pasa nada, no es nada serio”. Pero nos ponemos celosas si mira a otro. ¿En qué manual viene esa parte? Quizás me lo salté con las prisas de llegar al capítulo: “Perdona querida, pero el que nace lechón, muere cerdo”.
Pero ella dice que es feliz. Y se le nota. Compra ropa nueva cada dos por tres, se afana en tener lencería fina de encaje, de esa que solo te pones en momentos especiales para sorprenderle (¿Te crees que es capaz de diferenciarla de la de la última vez? o de la que lleva la otra ¿Tanto te dura puesta la ropa cuando te ve?) le manda mensajes que espera que le conteste con impaciencia, duchándose incluso con el móvil al otro lado de la mampara. Pero no, ella no tienen nada serio y lo sabe. Ella lo que tiene es una dependencia emocional de un hombre que ha conocido por internet, que es un completo desconocido, que tiene otra vida paralela, que aparece y desaparece sin dar explicaciones, pero con el que es feliz. Sus palabras le enamoraron cual adolescente incipiente.
Yo se que esto tiene que ser algo común, porque comentándolo en el trabajo con un compañero, me dijo que las mujeres de hoy día imponen. Dice que nos hemos liberado, que ahora no tememos llevar la voz cantante en la relación, que nos hemos vuelto muy activas en la cama y que él, no puede ser ni por asomo el Cristian Gray que la mayoría de las mujeres esperan de él. Lo siento, se que ese libro ha hecho mucho daño a las relaciones, ha hecho que se agoten artilugios sexuales, que ahora todas quieran probar el bondage aunque no sean capaces de pronunciarlo. Echa de menos el arte de conquistar a una mujer, de ir en su búsqueda, que se lo pongan difícil, que tenga que esforzarse por estar a su lado. Echa de menos enamorarse de verdad, a al antigua usanza, aunque pueda echar mano de las nuevas tecnologías. Ahora todo es más rápido y pierde el encanto rápidamente. Prefiere la calidad a la cantidad. Prefiere el sexo con amor, al amor al sexo.
¿Qué nos ha pasado? Desde el primer novio al último, sin duda, las que ya tenemos una edad, sabemos que hemos vivido esa transición. Antes se quedaba en un bar, le dabas el número si querías que te llamara o desaparecías si no te gustaba. Aunque no te gustara el fútbol ibas a verlo jugar y lo animabas si eso luego te ayudaba a tener algo en común. Ahora muchas se inventan un perfil social en un red de contactos y espera que el azar haga que encuentre a su príncipe azul. Lo que sucede es que borrar las huellas de encuentros, desaparecer de cualquier rastro, no es sólo borrar el historial de nuestra página de inicio. Imágenes que vuelan encriptadas, promesas que nos gustaría que se vieran cumplidas, compañías nocturnas que nos amoldan la cama a nuestro oído, amantes que esperan desesperados, realidades que se ponen en “modo silencio”,  lecturas que te hacen vibrar. Abrir una puerta a un abismo que nos conduce a otras historias, encuentros vía webcam, mensajes que quedan parpadeantes sobre la mesita de noche esperando una contestación, hombres que duermen al lado que querrías cambiar por los que están al otro lado. Antes se dejaban cartas de amor en el buzón de tu amada, o se le enviaban flores al trabajo para sorprenderla. Ahora se dejan canciones en el muro esperando que entienda su significado. Ahora todo es relativo, ahora todo es libre de interpretarse a tu manera.Está descorchando la botella mientras la comida espera reposando sobre la mesa humeante. Lo miro, mientras echa el vino en mi copa. Hay cenas que se viven con mayor intensidad cuando todo está presente. Besos de esos que saben a todo este tiempo juntos. Manos que ya saben de memoria los caminos a recorrer. Palabras mudas que hacen que tus ojos griten mi nombre. Estoy pensando ya en el postre. La comida, no puede esperar. Un sofá, dos copas y tres seguidos. Hay historias que es mejor no contar.
Y no muy lejos de allí, ella sigue impaciente a su cita, con un botellín de cerveza en la mano, con el olor de su perfume favorito, con el móvil en la otra, quiere decirle a esas barbas que le incendia, que le encantaría echar por la borda todo lo que ha sido para empezar a construir lo que quiere ser. Se siente prisionera de unas cadenas invisibles. Quiere empañar sus gafas de todos los poemas que con sumo sigilo ha guardado bajo la almohada para hacerlos realidad con los ojos cerrados. Se conforma con trocitos en lugar de disfrutar una pieza entera. Esa noche, cada uno desde su casa se dedicaron mutuamente esas palabras que son la banda sonora de cada dormir: “Je t’aime… moi non plus
Los medios son nuevos, pero los sentimientos, son los de toda la vida. Su problema fue edificar el recuerdo y crear una ciudad fantasma, donde el olvido nunca se atreve a entrar. Esa mirada que es la misma luna. También se puede jugar a ciegas enseñando tus cartas desde el principio. Qué más dará victoria o derrota, si la partida es intensa. Hay quienes adoran las caricias al borde de la herida.