La terrible historia de las esclavas sexuales de Japón

La segunda Guerra Mundial dio para todo tipo de horrores y uno de los que más sorprende por lo escabroso, es la terrible historia de las esclavas sexuales del Japón Imperial. En plena guerra, Japón raptó a cerca de 200.000 niñas que eran utilizadas para satisfacer las necesidades sexuales de las tropas.

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“Las mujeres del consuelo” es como se conocían a las miles de niñas y jóvenes adolescentes coreanas, filipinas, chinas, indonesias y taiwanesas que eran utilizadas en los burdeles regentados por el ejército imperial del sol naciente, para “elevar la moral” de sus soldados. Eran obligadas a satisfacer sexualmente a varios hombres al día, en algunos casos por años; hasta 1945, año en que los japoneses se rindieron.

“Aunque me resistí cuando me forzaron, me daban palizas y me torturaban con descargas eléctricas” confiesa- todavía con dolor- Lee Young-su, una coreana nacida en Daegu en 1929, que fue raptada por los militares, una noche mientras dormía en su casa, con apenas 15 años de edad.

La impunidad que reinaba en el régimen colonial nipón era de tal magnitud, que los padres de esta jovencita no la encontraron por ninguna parte cuando se levantaron de dormir, y nunca volvieron a saber de ella, que se encontraba en una base aérea de “kamikazes” en Taiwán. Lee Young-su, regresó a Corea del sur, luego de 2 años de violaciones, vejaciones y humillaciones.

Las mujeres que regresaban a su casa, eran repudiadas y tratadas como “malditas”, casi nunca lograban casarse y muchas de ellas lograron sobrevivir con la ayuda de la iglesia católica y algunas organizaciones activistas humanitarias. En 1992 se elaboró un registro (censo) para, de alguna manera, reivindicar su causa. E incluso, desde 1966, se creó un asilo donde viven y se atiende a unas cuantas.
El Papa Francisco, en su visita a Corea en el año 2014, recibió a una de estas víctimas y la anciana de más de ochenta años, comentó al respecto, de su conversación con el pontífice, quien le pidió que perdonara a sus victimarios, a lo que respondió: “Es imposible que los perdone porque destrozaron mi vida” contó que debía complacer a cuatro o cinco hombres al día, pero otras jóvenes mayores que ella eran violadas a todas horas y se recuerdan casos de niñas de once o doce años que murieron como consecuencia de tantos abusos.

Fuente:  abc.es