La verdad sobre el viagra femenino

Aprobado en Estados Unidos, está recetado para el trastorno por deseo sexual hipoactivo y las pruebas indican que supera muy poco a los efectos del placebo

viagra femenino

llegó el tan esperado “viagra femenino”. La Food and Drugs Administration (FDA)  aprobó la flibanserina para el tratamiento del trastorno por deseo sexual hipoactivo (TDSH), es decir, la disminución persistente del deseo (luego de una hacer tenido un deseo sexual satisfactorio) de tipo generalizado (compromete todas las relaciones) y no tiene que ser causado por enfermedades médicas ni psiquiátricas, ni por la influencia de sustancias o fármacos.

La denominación popular “viagra femenino” tiene que ver con buscar cierta equivalencia o igualdad con la “pastillita azul”. Sin embargo, existen diferencias significativas. La flibanserina es una molécula que actúa sobre el Sistema Nervioso Central, aumentando los niveles de dopamina y noraepinefrina, dos neurotransmisores que ayudan al deseo y la motivación.  Mientras que el “viagra masculino” cumple su acción en los vasos sanguíneos del pene, dilatándolos para llevar más sangre y provocar la erección.

Respecto a la efectividad del fármaco, se ha demostrado que supera en muy poco al placebo: Addyi elevó el número de encuentros sexuales satisfactorios (entre 0,5 y 1 más que la cifra base) frente a las que tomaron placebo (entre el 0,3 y 0,4); además, entre las que lo tomaron que dijeron haber mejorado sus citas íntimas, su deseo sexual y reducido su angustia ante el sexo hubo un incremento del 10% respecto a las tratadas con el placebo. Por el momento, solo está indicada en mujeres que no entraron en menopausia (no existen estudios que avalen su uso durante el climaterio). Los hombres también deben abstenerse de ingerirla.

Además, debe ser ingerida en forma diaria, para alcanzar niveles adecuados de neurotransmisores. Esto supone otra gran diferencia con respecto al viagra masculino ya que este se ingiere antes del encuentro sexual (excepto algunas excepciones que se indica a diario).

También se han reportado efectos colaterales. Los más frecuentes son la somnolencia, náuseas, la disminución de la presión arterial y el síncope. Para mitigarlo, se recomienda tomarla a la noche. También se sabe que interacciona con otros fármacos como los antimicóticos (de uso frecuente en infecciones vaginales) y no puede combinarse con alcohol.

Antes de comenzar el tratamiento, el médico debe realizar una evaluación para descartar enfermedades orgánicas, el efecto de otros medicamentos (como los antidepresivos, que bajan el deseo sexual), trastornos psiquiátricos o problemas de pareja.

El criterio de base es que exista un problema o trastorno del deseo y que no sea una simple disminución del mismo. Debe diagnosticarse una baja del deseo persistente, que influya en las fantasías y en la motivación para tener sexo, con la aparición de preocupación, angustia y/o conflictos de pareja.

Hay que tener en cuenta que la intensidad del deseo sexual es variable y todos podemos pasar por periodos con la libido más. El estrés cotidiano, el cansancio, la búsqueda de metas de bienestar son algunas de las causas que lo atenúan el deseo, sin que esto constituya un trastorno.

Encontrar un fármaco que actúe sobre el deseo sexual supone influir sobre una experiencia compleja donde influyen numerosos factores que no son necesariamente neuroquímicos, más aún cuando hablamos del deseo femenino. En otras palabras, el deseo obedece a mútiples factores.

A la hora de tener sexo, se movilizan aspectos subjetivos como el ideal de belleza, la estima personal, los complejos o la seguridad en torno al cuerpo, las habilidades sexuales o los temores o inhibiciones. Sobre ninguno de estas imágenes que se movilizan con la sexualidad influye el fármaco, y por suerte, la experiencia humana siempre será más rica y amplia que el influjo de moléculas circulando en el cuerpo.

Por el doctor Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo.

Fuente clarin.com