El banquete de Afrodita: sexo sibarita

Es una seductora y creativa fantasía romana u oriental, muy fácil de llevar a la realidad. Donde deben colocarse sobre una mullida alfombra, que les ofrezca toda la comodidad, con la posibilidad de recostar sus espaldas sobre cojines de telas sensuales como el terciopelo y la seda. Ambos deben estar perfectamente bañados y limpios y en completa desnudez, junto a una mesa baja cubierta con comidas, manjares y bebidas, cuyos aromas alcancen el olfato, excitándolos con las promesas de sus secretos y afrodisiacos sabores.

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El debe llenar dos copas de cristal o cuencos de porcelana, de hermosa textura, color y diseño y llenarlo con alguna de las bebidas de la mesa. Le acercas uno a ella, quien toma un pequeño sorbo y en lugar de hacerlo pasar por su garganta, se aproxima y lo vierte en la boca del amante. El hombre hace lo mismo en la boca de ella y luego ella sumerge sus pezones, primero uno y luego el otro, en la bebida espirituosa y el recogerá con sus labios el fragante liquido que baña sus pechos.

Bocados intensamente dulces y ardientemente picantes se van llevando a los labios, se combinan para hacerlas delicias de los cuerpos y elevar la voluptuosidad que los ira embargando. Cada sabor es enriquecido con los aromas de las zonas más intimas de los cuerpos; el lame un mango dulce y luego se lo da a comer en la boca; ella toma una fresa y la embebe en el jugo de su vulva, antes de dárselo a él, para que lo saboree. Una cereza cubierta de chocolate adorna el ombligo de la amante y los dientes masculinos lo recogen de su vientre, lamiendo después el dulce que quedó en el interior del sensual agujero.

Las lenguas arden, excitadas y perfumadas por los licores y estimuladas por los sabores degustados, que invitan a seguir degustando ahora los cuerpos y todas sus sinuosidades, que deben esparcirse mutuamente en muy pocas cantidades sobre los cuerpos desnudos -Amaretto, Khalua, Ponche crema, leche condensada y mermelada son algunos de los sabores- que cataran sobre los propios cuerpos, mientras lamen esas “bandejas naturales” de puro placer corpóreo. Para terminar acoplándose sexualmente de todas las formas imaginadas y preferidas por ambos, con los sentidos encendidos y vibrantes, que han abarcado hasta el último rincón de piel. El orgasmo de ambos será el merecido postre y a su vez el broche de oro de esta fantasía hecha realidad, enriquecida por el toque gastronómico y sibarita, que reúne tanto lo orgiástico como lo sensual.

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