Estos fetiches los vuelven locos

A muchos hombres los vuelve locos la inteligencia femenina, pero la mayoría tienen preferencia por objetos un tanto cotidianos o hechos y situaciones un tanto insólitas y atrevidas. Estos son algunos de los más conocidos y otros algo más rebuscados, que igualmente lo enardecen cuando llega el momento de una relación sexual.

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Con la tanga puesta: Hacer a un lado su ropa interior y penetrarla es una de las experiencias que más les gusta al momento de hacer el amor, bajárselas hasta las rodillas y mirarlas en mitad de las piernas femeninas, lo llena de pasión y lujuria.

Un tatuaje: A casi todos les gusta que su chica tenga un pequeño tatuaje en su piel, en sitios claves, como el tobillo, en la parte más baja de la espalda, en la nuca y cerca de un seno. Generalmente les gustan muy sutiles y femeninos con temas como mariposas, notas musicales o hadas del bosque. Los hombres suelen besarlos  y acariciarlos.

El pelo muy largo y suelto: siempre ha sido uno de los fetiches preferidos. Dile que se acueste boca abajo y acaricia su espalda con tu cabellera rozando su piel o sentados, uno frente al otro, entrelazando las piernas de ambos a la vez que la penetras, y hala simultáneamente su melena hacia atrás, para dejar el cuello libre, dispuesto a recibir sus besos y caricias.

El labial rojo: es el clásico eterno de los fetiches masculinos. Marcar tus besos marcando territorio en el cuerpo del hombre, e incluye siempre tu “firma labial” en el espejo del baño de tu amante.

Los tacones: es otro que nunca falla y es el preferido por casi todos a la hora de excitarse con un objeto femenino. Mientras más  altos es mejor, negros o rojos son los colores perfectos. Hace fuertes y estilizadas tus piernas, las pantorrillas tensas y tus muslos se esculpen y perfilan y concluyen levantando el trasero. Desnuda en la cama calzando unos sensuales “stilettos”, perforando el colchón o haciendo que el los bese, los lama o los venere.

Lamer tus propios bíceps: mientras él está montado sobre ti, lame el bíceps de tu brazo y míralo con pasión y lujuria. Al parecer, es una especie de masturbación inconsciente, muy diferente al toqueteo común de las partes erógenas del cuerpo. Es un gesto inquietante y desconocido que seguramente lo encenderá.

Verte mientras orinas: las opiniones están divididas, a algunos les desagrada, pero a otros los enloquece.


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