Conductas sexuales masculinas erróneas según una dominatrix

La revista The New Statesman público un artículo de una conocida dominatrix, que ayuda a cientos de clientes masculinos a explorar distintas facetas y roles dentro de la sexualidad y el placer. La fémina en cuestión se llama Margaret Corvid, y al parecer es una experta en el tratamiento de represiones y taras masculinas que se expresan en su sexualidad.

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Asegura contundente, que mientras perdure el patriarcado, los hombres nunca se expresaran como realmente son y no podrán tratar a las mujeres como realmente se lo merecen. Plantea que el hombre tratando de mantener su fuerza y supuesta dureza, logra negar la expresión de sus verdaderos sentimientos y no valora su sensibilidad y emociones.

Según Corvid estas son las expectativas actuales con respecto a los hombres:

“Se espera que pueda presentar un aspecto masculino en su apariencia, gusto y hábitos. Se espera que sea seguro de sí mismo, extrovertido, social y que sepa pelear. Los hombres son socializados para desear un tipo específico de mujer, casarse, tener hijos y ser los proveedores de una familia. Se espera de un hombre que sea completamente heterosexual y monógamo. Y aunque la sociedad le tiende una rienda más suelta que a las mujeres… sólo se le permite penetrar, no ser penetrado; controlar, pero no entregarse; disfrutar de la gracia y de la sensualidad femenina, pero nunca mostrar esas características él mismo”.

En el libro The Femenine Mystique, cuya autora es Betty Friedan, aparece esta frase que expresa perfectamente el planteamiento de Corvid: “me di cuenta que los hombres no eran los enemigos –eran víctimas también, sufriendo de modos obsoletos de mística masculina que los hacían sentir innecesariamente inadecuados cuando no había osos que matar”. Corvid se hace solidaria de esta idea de pareja, un modelo de pareja con diferenciación: “Las feministas deben de hacer saber esto… sólo cuando el feminismo logre canalizar la ansiedad masculina, en vez de convertirla en enojo, la podremos transformar en solidaridad y esperanza”.

Si el hombre quiere acercarse al placer y el éxtasis femenino debe abrirse y entregarse total y conscientemente al mundo, reinventando su sexualidad, no como un bien obtenido, sino como una experiencia compartida. Esto lo explica la dominatrix de esta manera:

“En algún nivel sienten que las mujeres los están privando del sexo que merecen y sienten rencor porque, en su mente al menos, tienen que librar tantos obstáculos para obtenerlo. Algunos, sospecho, piensan que no hay forma de “obtener” sexo sin torcer las esquinas, con mutuo consentimiento, y resienten que el feminismo ha hecho que esto sea más difícil”.