Mitos sobre el sexo que perduran en el tiempo

James Ashton escribió la obra “El Libro de la Naturaleza “en 1861, quien se definía a sí mismo como profesor de Fisiología Sexual, pretendía con este ensayo “dar información a los jóvenes que piensan en casarse, sobre la Filosofía de la procreación y la relación sexual, mostrando como evitar la concepción y procreación no deseada” dicho en otras palabras: un manual de Educación Sexual al mejor estilo del siglo XIX.

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La mayúscula sorpresa es que sus enseñanzas erradas y obsoletas siguen compartidas hoy en día, en pleno siglo XXI. Creíamos haber superado casi todos los mitos sobre el sexo que atormentaban y acechaban a nuestros abuelos y al parecer, no es así en lo absoluto. Estos son algunos de estos mitos:

Consumir alcohol como afrodisiaco:

En 1865, Ashton dijo: “El alimento en particular que se calcula para estimular los órganos sexuales es marisco o pescado de mar de cualquier tipo, y la tortuga, ya que estos contienen generalmente fósforo. Entre las verduras se pueden mencionar el apio, nabos, cebollas, pimientos, espárragos, tomates, habas, etc.”. Ashton recomienda también, bebidas como la cerveza, el vino o el café, aunque desaconseja las bebidas “espirituosas”, pues no tienen los efectos erotizantes deseados.

Actualmente el Dr. Froilán Sánchez opina de esta forma: “tiene una inmerecida fama de ser un potente excitante sexual, puesto que los estudios llevados a cabo en hombres y en mujeres demuestran que tiene efectos negativos en este campo” (…) “Incluso a dosis baja dificulta el orgasmo en la mujer. En los hombres, por encima de 0,5 gramos de alcohol por litro de sangre, produce la supresión de la erección. Muchas personas aún no lo aceptan y tiran de la copita de vino para sentirse mejor en sus encuentros sexuales. Esto se debe, según el doctor, a que “el alcohol es un potente depresor del sistema nervioso central, atenúa la función del córtex cerebral, lo que permite una mayor autonomía de centros inferiores, más implicados en las respuestas emocionales. De este modo, en una persona pasada de bebida, las emociones se ‘liberan’, al evitarse el control más racional del córtex cerebral, desinhibiéndose conductas que en ausencia de alcohol se reprimirían, generando la sensación de que el acercamiento sexual es más sencillo”.

Hacer la digestión, antes de tener sexo:

En el libro de Ashton acota:El momento adecuado para la indulgencia sexual es una consideración importante, ya que el descuido en este sentido puede tender a la indigestión y otras afecciones del estómago. Las personas que están predispuestas a este tipo de enfermedades no deben tener relaciones sexuales justo antes de comer, ni muy poco después de una comida completa. De dos a tres horas antes o después de comer una comida completa es el momento adecuado”.

El Dr.  Sánchez asegura: “A efectos prácticos, siempre y cuando no se trate de una gran comilona, que de por sí implica otros riesgos, nada hace suponer que la actividad sexual después de una comida, incluso abundante, pueda provocar indigestión o problemas estomacales. Más bien esto puede ser debido al hecho de comer en exceso”. Este tipo de mitos es congruente con lo más tradicional de nuestra cultura judeo-cristiana, “que correlaciona la sexualidad y el placer con el peligro y, en el caso de abusar del sexo, con el riesgo de enfermar”.

Cuanto mide el clítoris:

En 1865, según Ashton: “se asemeja a un pene masculino en miniatura, por lo general, aproximadamente del tamaño de un guisante”, y asegura con alarma,  que quienes tienen un clítoris más grande podrían padecer hermafroditismo o doble sexo.

En 2016, el sexólogo José Bustamante asegura que: “la sexualidad femenina en general, y el clítoris en particular, se han visto envueltas durante siglos en un manto de ocultismo”. Y explica que gracias a los aportes  de la uróloga australiana Helen O’Connell contamos desde 1998  con una imagen real de la anatomía completa  del clítoris. “Tal y como mostraron sus estudios con resonancia magnética, el clítoris es una estructura que puede medir en total de 8 a 12 cm aproximadamente y que se extiende por el interior del cuerpo, descansando sobre la uretra. Lo que queda en el exterior, el glande clitoriano, es únicamente una cuarta parte del total del órgano del placer”. Lo único cierto de la idea planteada hace dos siglos es que “el glande del clítoris y el del pene comparten una estructura similar con capacidad eréctil y alta sensibilidad”.