Catalina la Grande: ¿Hipersexual o ninfomana?

Reino como zarina en Rusia  durante más de 30 años, gracias a intrigas palaciegas de su madre, que le posibilitaron contraer matrimonio, en  1745, con el sobrino de la emperatriz Isabel, después de convertirse a la religión ortodoxa y aprender ruso, cambiando su nombre de Sofía Federica por el de Catalina.  Su matrimonio, fue breve y no muy feliz, pues ambos cónyuges  encontraron su felicidad en brazos de distintos amantes. Este fracaso  se debió en gran parte a los problemas de impotencia que sufría su marido, por lo que no pudo consumar su matrimonio durante 12 años.

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Catalina, ante esta impotencia del duque Pedro, no dudó en saciar sus apetitos sexuales con una larga lista de amantes. Catalina, desde muy joven, demostró grandes dotes para la política y fue una mujer muy instruida, en contacto con las corrientes europeas, y personajes de la talla de Voltaire y Diderot.

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En el verano de 1762, Catalina, mediante la intervención de su amante, Grigori Orlov, jefe de la Guardia Imperial Rusa dio un golpe de Estado, y depuso a su marido el Zar, siendo asesinado tres días después. Es a partir de este momento cuando se empezó a forjar la leyenda sobre su desenfrenada vida sexual. Joven, viuda y con poder para vivir en libertad plena, no dudó en rodearse de todo tipo de amantes, a los que premiaba con puestos en la corte, y una vez  saciados sus apetitos sexuales, les concedía tierras y siervos como recompensa a sus servicios.

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Entre sus amantes destacados podemos citar a Serguei Saltykov, su primer amante y verdadero padre de su hijo Pablo. Otro de sus amantes de más renombre fue el último rey de Polonia, el futuro rey Estanislao II Poniatowski. Uno de sus amantes más poderosos fue Grigori Potiomkin, estadista, militar y político ruso que se convirtió en su hombre de confianza, una vez muerto su esposo. Otro  fue Alexis Lanskoi, que murió envenenado a manos de Potiomkin. También destacó por su  físico y su intelecto el joven Aleksandr Dmítriev-Mamónov.

 

No dudó en buscarse amantes hasta 40 años más jóvenes que ella, cuando la zarina  ya superaba los 60 años. Su último amante conocido fue el príncipe Zúbov, quien  se aprovechó de la pasión de Catalina, para satisfacer sus numerosas extravagancias. Se cuentan en más de 80 los amantes que pasaban anualmente por la alcoba real, otras fuentes  hablan que  tenía a su disposición hasta  20 amantes al mismo tiempo, que se iban alternando en su lecho. Catalina exigía a sus amantes cumplir hasta 6 veces por día.

La leyenda de mujer lujuriosa e insaciable de Catalina la Grande, creció desmesuradamente con el descubrimiento de una  habitación erótica situada en su palacio de Tsárskoye Seló. La habitación estaba decorada con todo tipo de cuadros y esculturas que representaban escenas eróticas y pornográficas, plagadas de penes de todas las formas y tamaños