¿La pornografía incita a la violencia?

Muchas feministas piensan que la pornografía debería prohibirse porque incita la violencia y el odio contra las mujeres. Es cierto que en muchos casos incita a los hombres a actuar contra las mujeres y puede influir para que se den asesinatos de mujeres y raptos de niñas. En los Estados Unidos hay actualmente 15.000 mujeres desaparecidas, y en Inglaterra se producen secuestros, violaciones y asesinatos de niñas de corta edad, que constituyen el final de esta “fantasía”

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La Pornografía enseña modelos y pautas de comportamiento a quienes la consumen, tanto a los hombres como a las mujeres. Por otra parte, como no vivimos en Marte, es inevitable tener contacto con ella de vez en cuando, aunque sea de forma indirecta. ¿Qué actitud debemos tomar? Aunque puede ser muy normal excitarse con la pornografía, no hay que ser ingenuos, pues al mirarla te estas exponiendo a los mensajes que te quieren transmitir determinadas personas, unos mensajes de los que no siempre eres consciente.

Por muy inteligente y cauteloso que seas, algunos de estos mensajes pueden penetrar y perjudicarte, por lo que debes esforzarte para no dejar que, de alguna manera, “te laven el cerebro”. Pero es inevitable que nos guste la pornografía, sobre todo a los hombres. El porno, no solo denigra a las mujeres, pues las muestra atadas, golpeadas, humilladas y en situaciones denigrantes; sino que también denigra a los hombres, pues a veces destruye su “verdadera sexualidad” o la posibilidad del descubrimiento sexual personal, la posibilidad de emprender nuevas direcciones, mientras implanta tópicos erróneos como: “el verdadero hombre es el que tiene la erección más grande y dura” y referencias por el estilo.

En la mayor parte del porno, los hombres aparecen como “casi imbéciles” que solo quieren meter su pene en algún sitio y “correrse” o como unos cínicos manipuladores, casi siempre crueles. Casi nunca aparecen emociones como la alegría, a pesar de que los sentimientos sexuales de los hombres son más complejos y capaces de emprender direcciones y criterios mucho más interesantes y “constructivos”.

Shere Hite estudio a unos 7.000 hombres, durante años; cuestionándolos de forma anónima acerca de sus sentimientos sexuales y emocionales, para el Informe Hite sobre la sexualidad masculina y se enfrentó a complicadas mediciones de las diferencia entre los sentimientos de los hombres y sus experiencias reales e intento dar respuesta a cerca de cómo se comportarían los hombres sin “presiones sobre su actuación”, como las consideradas normales en la pornografía