El monarca bien dotado: Fernando VII

Fernando VII se destacó por un rasgo característico de los Borbones, su enfermiza obsesión por el sexo, una lujuria desenfrenada que  heredaron  su hija, Isabel II y su nieto, Alfonso XIII.

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El principal mito sexual acerca de este monarca español es el descomunal tamaño de su miembro viril. Este gran tamaño se debía a una enfermedad llamada macrosomía genital, causada por la costumbre  de contraer matrimonio con familiares consanguíneos. El escritor francés Prosper Mérimée lo describe como: “Fino como una barra de lacre en su base, y tan gordo como el puño en su extremidad, además tan largo como un taco de billar“.

El enorme tamaño del miembro fue  causa de que sus tres primeras mujeres sufrieran  abortos  y desgarros vaginales, incluso circuló el rumor que la muerte de su segunda esposa fue a causa del aborto provocado por esos desgarros. Para esto, sus médicos idearon una almohadita circular con un agujero central para que hiciese de tope y no penetrase tan profundo  a sus esposas.

Todo el reino sabia de su afición a frecuentar las tabernas y prostíbulos de los bajos fondos de Madrid. Salía del Palacio de Oriente por una  escalinata secreta, que aún hoy  es conocida como la “fernandina”,  acompañado de un séquito formado por gente de toda clase y condición, para acabar en locales tan poco recomendables como el prostíbulo de Pepa la Malagueña, donde según  la leyenda alardeaba de las doncellas que había desflorado en Palacio con su “gran sable”. El problema  de Fernando VII, trascendió a la política,  nacional e internacional, ya que sus tres primeras esposas no pudieron darle descendencia. Los rumores sobre la  vida sexual de Fernando VII incluyen sus cuatro matrimonios y especialmente los episodios relativos a las noches de boda

Su primera boda fue a los 17 años, con su prima hermana, María Antonia Borbón Dos Sicilias, en 1806. A la hora de consumar no sabía lo que tenía que hacer. Su flamante esposa, algo más instruida en estas labores se despojó de sus ropas y lo único que logro fue que el heredero  se pusiera a lamer sus pechos cual bebe. Pasaron varios meses, sin que  los esposos pusiesen  fin a esta situación.  Otros historiadores apuntan que este matrimonio no se consumó hasta un año después debido al retraso en el desarrollo hormonal de Fernando. Hasta que el rey Carlos IV, instruyo a su vástago en lo relativo al sexo,  y pronto la princesa quedó embarazada. Aunque la princesa, débil de salud y tras sufrir dos abortos, murió de tuberculosis en 1806.

Su segundo matrimonio, con su sobrina María Isabel de Braganza, fue el blanco de las burlas del pueblo español, y el día de su boda fue recibida con la cantinela de: “Fea, pobre y portuguesa, ¡Chúpate esa!” La princesa poco agraciada nunca fue del agrado del monarca, por lo que prefirió apaciguar su fogosidad en los burdeles madrileños. Cuenta la leyenda que la reina hastiada de las escapadas nocturnas del rey,  lo esperó en las escaleras de palacio vestida como una prostituta, ocasión que no desaprovechó el monarca para tomarla allí mismo.

Con todo esto, la reina dio a luz una niña, pero solo vivió cuatro meses. El siguiente embarazo fue nefasto, pues  madre e hija murieron en un terrible parto. Así lo cuenta el cronista Wenceslao Ramírez de Villaurrutia: “hallándose en avanzado estado de gestación y suponiéndola muerta, los médicos procedieron a extraer el feto, momento en el que la infortunada madre profirió un agudo grito de dolor que demostraba que todavía estaba viva“.

 Su tercera mujer María Josefa Amalia de Sajonia, una joven de apenas 15 años y criada en un convento entre monjas y el rey, veinte años mayor que ella, atraído por la belleza de su joven esposa, se abalanzó sobre ella  y cuentan que la pobre reina, muerta de miedo, se hizo sus necesidades encima, hecho que llenó de asco al rey. La beata reina se negaba a cometer ese  pecado debido al  enorme tamaño del falo real. El rey harto de que su mujer se negase a consumar el matrimonio le pidió al papa la anulación del matrimonio.

La siguiente esposa, al morir la reina beata,  fue su sobrina María Cristina de las Dos Sicilias, quien sabia del  tamaño de su pene, y  que tenía que quedar  encinta, rogó a los médicos de Palacio que buscasen un solución. La solución que encontraron los médicos fue la almohadilla perforada que hacía de tope durante el coito y aunque fue artesanal fue bastante efectivo y la reina María Cristina  quedó embarazada de la futura reina Isabel II.