Literatura erótica en la Roma Antigua

La literatura romana referida a la sexualidad es muy abundante y variada, desde textos legales, a tratados de medicina, poesía, oratoria, filosofía, pero los que nos aportan una mayor información son los textos con menor prestigio cultural como las comedias, las sátiras, los poemas, grafitis, hechizos mágicos, inscripciones o pinturas murales. La más representativa tiene una data entre los siglos II a.C. y principios del siglo I d.C.

Prosper Piatti - Floralia (1899)
Se puede observar contenido erótico en casi todas las obras de los grandes escritores latinos: las comedias de Plauto y Terencio, las sátiras de Horacio y Juvenal y en la poesía de Ovidio, Petronio y Marcial.

Casi todos los autores contribuyeron con sus textos que hablan sobre la sexualidad romana:

  • El dramaturgo cómico Plauto, cuyas obras giran en torno a las aventuras  de jóvenes amantes.
  • Catón el Viejo, el estadista y moralista, también  ofrece datos sobre la sexualidad.
  • El poeta Lucrecio presenta un tratamiento extendido de la sexualidad epicúrea en su trabajo filosófico De rerum natura.
  • De Petronio, destaca su Satiricón, como el primer ejemplo de novela picaresca en la literatura europea.
  • Apuleyo, nos brinda su creativa El asno de oro, una novela que nos narra las ridículas aventuras de un joven viril obsesionado con la magia.
  • Catulo, cuyos poemas tratan el erotismo en todas sus facetas, desde el más refinado romanticismo a la pornografía más obscena.
  • Cicerón, con sus discursos judiciales que aportan una visión sobre la conducta sexual de la élite romana y en cuyas Epistulae ad Familiares nos ofrece todo un recital de palabras obscenas.
  • Los poetas de época Augusta Propercio y Tibulo, que planteaban al concepto del amor con sus poemas sobre amantes.
  • Ovidio, destacando sus obras Amores, Ars amatoria y Remedia Amoris. Su Ars amatoria fue un auténtico boom en su época, pero le costó el destierro a su autor, ya que la regeneración moral que quiso imponer Augusto lo condenó.
  • Marcial, cuyas observaciones de la sociedad están repletas de descripciones sexualmente explícitas.
  • el escritor satírico Juvenal, quien arremete contra las costumbres sexuales de su tiempo.

Los Priapeos o ‘Carmina Priapea’, es una colección de poemas erótico-festivos en torno a la figura del dios Príapo, de carácter anónimo, escritos en un elegante latín.

Según algunos historiadores hay mucho material obsceno: manuales de sexo griego, de contenido pornográfico, que eran publicados bajo la firma de famosas prostitutas, el más conocido es el Milesiae fabulae, relatos  eróticos aderezados con chistes verdes, compilados por Arístides de Mileto, que influyeron en la obra de Petronio y Apuleyo y se volvieron muy famosos en todo el Imperio. Existen  otras copias griegas, escritas por hetairas o rameras, que conciben el amor como un arte, y cuentan  su experiencia en diferentes tratados como el de Artyanassa o el de Filenis de Samos sobre posiciones, o el de Elefantis, cuyos libros leía Tiberio.

Marcial advierte acerca de estas copias: “los cachondísimos libritos de Musecio, que rivalizan con los de Sibarita. Sumérgete en sus páginas saladas pero procura tener al lado a tu amante para no entonar el canto nupcial con tus manos lujuriosas, como marido sin mujer” -Epigramas (XII, 95)

En la literatura latina, se reconoce como el libro pornográfico más antiguo a “Los diálogos de las cortesanas”, escrito en el siglo II a.C., atribuido a Luciano y cuyo autor emplea por primera vez el término de lesbianismo para definir la homosexualidad femenina.

“Me besaban como los hombres, no sólo pegándome los labios, sino entreabriendo la boca, y me abrazaban y apretaban los pechos. Demonasa además me mordía mientras me besaba apasionadamente.”

Tomado del Diálogo V, Los diálogos de las cortesanas.