Infidelidad: Sexo ni tan clandestino

Tener sexo clandestino es cada vez más fácil, más normal y común y esta, por decirlo de alguna manera, mejor visto. Están proliferando los portales en internet que ofrecen la posibilidad de citas diseñadas con mucha discreción e incluso empresas y negocios que facilitan este tipo de encuentros. Los psicólogos reconocen que las personas ya no tienen tantos reparos en reconocerlo. Por nombrar el slogan de una de las  empresas más exitosas: “La vida es corta. Ten una aventura” que ayudan a mujeres y hombres casados, a tener una aventura de manera muy discreta.

infidelidad_0

España tiene el servicio de esta empresa desde hace más de un año y como curiosidad aparece que las mujeres “canarias” son las mujeres más infieles de España. Según los expertos y especialistas en el tema, las mujeres son tan infieles como los hombres, pero lo hacen con mucha más discreción y son muy pocas las que lo confiesan, ni siquiera a sus mejores amigas. Las estadísticas indican que cada vez somos más infieles, comparándolo con épocas anteriores. Al parecer, como estamos más liberados, lo reconocemos en las encuestas.

Algunos piensan que cada vez más nos acercamos al fin de la pareja estable, ni hablar del matrimonio. Otros insisten en que no es así. Los psicólogos insisten en que, a veces, una infidelidad puede asentar o sellar más una relación, o hasta aumentar la autoestima del infiel, sin que se ponga en peligro la estabilidad matrimonial (“si no fuera por mi amante, no hubiera aguantado tanto tiempo a mi mujer”.

Si hablamos de números, entre las causas de divorcio, la infidelidad representa –solamente- entre el 18 y el 26 % y según otros sondeos, un 21,3 % de parejas pueden funcionar bien y ser felices, aunque alguno de los dos haya tenido alguna aventura.

GENETICA INFIEL

Científicos suecos descubrieron, hace unos 4 años, un gen vinculado a la infidelidad masculina. Parece que 2 de cada 5 hombres poseen esta variante. Ahora la culpa de la infidelidad masculina la tiene un gen que han llamado alelo 334, que gestiona la vasopresina, una hormona que se produce naturalmente  con los orgasmos, según pruebas del Instituto Karolinska de Estocolmo; por lo que los hombres dotados con esta variante son peligrosos para plantearse relaciones estables.