Freud y sus frases sobre la sexualidad

Freud, que llegó a decir “Estoy a favor de una vida sexual infinitamente más libre aunque yo, por mi parte, he hecho muy poco uso de esa libertad”, nunca abandonó ciertos criterios de represión en su vida íntima y tampoco en su práctica psicoanalítica. Tenía algun rechazo a las manifestaciones afectivas.  Por ejemplo, creía que acariciar a los bebés era una forma peligrosa de estimulación sexual precoz, y consideraba nociva la masturbación, y afirmaba que tenía efectos patogénicos.

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Casi nunca habló de su sexualidad privada, pero en sus apuntes y  libros puede leerse entre líneas sus  vivencias. El diván le resultaba cómodo porque no soportaba el contacto visual con sus pacientes. En varias cartas aludió a su escasa actividad sexual, habló de impotencia o de incapacidad para alcanzar el placer. “La excitación sexual ya no tiene ningún valor para mí”, dijo en 1897. Luego teorizó sobre algunos aspectos generales de la sexualñidad:

“La civilización se ha edificado en gran medida sobre energía erótica bloqueada, concentrada, acumulada y desviada”

“Recordaremos, ante todo, que nuestra moral sexual cultural restringe también las relaciones sexuales dentro del matrimonio mismo, obligando a los cónyuges a satisfacerse con un número muy limitado de concepciones. Por esta circunstancia no existe tampoco en el matrimonio una relación sexual satisfactoria más que durante algunos años, de los que habrá que deducir aquellos periodos donde la mujer debe ser respetada por razones higiénicas. Al cabo de estos tres o cinco años el matrimonio falla por completo en cuanto a la satisfacción de las necesidades sexuales […] es así el destino de la mayor parte de los matrimonios, que encuentran de nuevo los cónyuges transferidos al estado anterior de su enlace, pero tanto más pobres cuanto que han perdido una ilusión y se encuentran sujetos de nuevo a la tarea de dominar y desviar su instinto sexual”.

“La muchedumbre da rienda suelta a sus apetitos, y nosotros nos privamos de tal expansión. Nos reprimimos para mantener nuestra integridad y economizamos nuestra salud, nuestra capacidad de disfrutar con las cosas, nuestras emociones; nos ahorramos a nosotros mismos para algo, sin saber realmente qué. Y ese hábito de represión constante de los instintos naturales nos presta la cualidad de refinamiento [carta de Freud a Martha, su esposa en1883].”

Sobre este fragmente se ha especulado sobre una supuesta relación homosexual con este amigo:

“No he tenido otro recurso que la memoria para reconstruir la hermosa noche que te vi […] La gente como tú no debería morir, querido amigo; todos necesitamos demasiado a la gente de tu especie. Cuánto te debo: consuelo, comprensión, estímulo en mi soledad; gracias a ti mi vida ha adquirido un sentido, e incluso me has hecho recuperar la salud como nadie podría haberlo hecho. Ha sido principalmente gracias a tu ejemplo que yo he ganado la fuerza intelectual necesaria para fiarme a mis juicios, aun cuando me dejan solo, y, como tú, he aprendido a enfrentarme con mayor humildad a todas las dificultades que pueda depararme el futuro. Por ello ¡acepta mis humildes gracias! Sé que tú no me necesitas tanto como yo a ti, pero también sé que tengo un lugar asegurado en tu corazón”.