Lo que odian las mujeres del sexo anal, el sexo oral y el fetichismo

Nunca obligues para que te hagan sexo oral  o felación:

 Una de las cosas que más nos molesta es cuando él insiste, de cualquier manera, para que le hagamos una felación o sexo oral; comentan 3 de las chicas de la exitosa serie “Sex and the city”:

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Carrie Bradshaw: “Normalmente se convierte en una situación bastante violenta”, “Me gusta hacerlo, pero yo elijo el momento. Odio cuando te estás enrollando con un tío en el sofá, por ejemplo, y empieza a empujarte la cabeza hacia abajo para que se la chupes. Me cabreo bastante y corto en seco”.

 Samantha Jones afirma que “no mola nada cuando directamente te la ponen en la cara para que les hagas una felación. A ver, si no he querido hacerlo hace dos minutos, tampoco lo voy a hacer ahora por muy cerca de la boca que me la pongas. Y si, encima, se atreven a darme algún golpecito en la cara, directamente cojo el bolso y me voy”.

 Miranda Hobbs comenta que no es nada excitante y es incómodo “incluso cuando directamente lo preguntan. Si lo hago es porque yo quiero, no porque tú me lo pidas. Así que ahórratelo”. Es más, cuando decidimos hacerlo, el que nos empujen la cabeza o nos agarren del pelo corta bastante el rollo: “Me parece muy bien que un tío vea porno, pero tiene que saber que cuando está conmigo no está una película y el ritmo y la profundidad los marco yo. No voy a ahogarme para darle placer a nadie”.

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Cautela cuando quieres sexo anal:

El sexo anal es una práctica que despierta mucho morbo y lujuria en los hombres, pero algunos se olvidan de tantear y  preguntar primero:

Linda Lovelace: “El problema no es que te pregunten si te apetece tener sexo anal, al contrario; el problema es cuando se hacen los locos y en un momento determinado intentan meterla donde no toca. El plan ‘uy, que no me he dado cuenta’, no solo no funciona sino que, además, hace que salten todas las alarmas y nos pongamos en guardia, con lo que dejamos de disfrutar”.

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Los fetiches  es mejor investigarlos con cautela:

Son muy excitantes y lícitos, pero es mejor saber si tu pareja tiene alguna fantasía o fetiche en especial, porque puedes llevarte una sorpresa:

Candy cuenta con cierto asombro: “Una vez estuve con un chico que era fetichista de los pies. Yo no sabía nada y me quedé muy sorprendida cuando empezó a chuparme los pies y los dedos”, “Esperaba que continuase con la faena, pero no: él estaba más que contento con mis pies y a mí me acabó dado la risa”.

Bridget Jones escribió en su diario: “Salí con un chico que se excitaba al oler mi ropa interior. Me parecía un poco raro, pero bueno, no me importaba. Eso sí, cuando empezó a pedirme que no me duchase… decidí no volver a llamarle nunca más”.

Cuidado con tus palabras “eróticas”:

La comunicación es la base de cualquier relación,  sentimental  o sexual, pero ten cuidado con lo que dices, porque determinadas palabras pueden sacarnos del juego sexual. Por ejemplo: nada de diminutivos.

Jane comenta molesta: “Alguna vez han utilizado la palabra “tetitas” para referirse a mis pechos y me parece la cosa menos excitante del mundo”, “¡Y eso no es lo peor! No me importa que hablen pero, por favor, que dejen los diminutivos a un lado. Es como si yo fuese una niña y resulta asqueroso”.

Paloma asegura: “Para mí, lo peor llega cuando, estando en faena, de repente se ponen tiernos y empiezan con los te quiero cuando no corresponde”, “Yo también te quiero, pero ahora estamos a lo que estamos y, para ser sincera, me excita más que me suelten una guarrada que me digan te quiero”.

Anita interviene: “Yo odio cuando no paran de hacer preguntas: ¿estás bien?, ¿te gusta así?, ¿lo hago bien?”, “A ver, ¿es que no me ves? Si me oyes gemir y ves cómo reacciona mi cuerpo, ¿a qué viene tanta preguntita? Nada peor que un inseguro en la cama”. Pero agrega que tampoco se queden callados: “Los mudos que ni sienten ni padecen son la cosa menos excitante del mundo”.