Drencula / Extracto del diario erotico de David Benson

“Me sacaron del sopor una sensación de ahogo y otra sensación, ésta completamente desconocida. Mi vida de soltero formal no me había preparado, claro, para semejante experiencia; y al tiempo que un peso, que me pareció considerable, se apoyaba en mi pecho, me daba la impresión de que todo mi sexo se encontraba sumergido en una caverna cálida y de singular movilidad, y que con esa excitación nueva para él ganaba fuerza y volumen de un modo completamente anormal. Poco a poco recuperé la lucidez y me di cuenta de que una mata de vello me rozaba la nariz y la boca; un olor particular, un poco mareante, me llenaba la nariz y, cuando levanté las manos, me topé con dos globos lisos y sedosos que se estremecieron al tocarlos y se levantaron ligeramente; en éstas, percibí cierta humedad en mi labio superior, lamí esa humedad y mi lengua entró en una raja carnosa y ardiente que, en ese instante, inició una larga serie de contracciones. Sorbí el suculento jugo que entonces se me derramaba en la boca y me percaté de que alguien estaba tumbado sobre mí boca abajo todo lo largo que era y me comía el miembro mientras yo le devolvía la cortesía por el otro lado; yo, David Benson, estaba chupándole el órgano a una criatura, y eso me producía un placer extremo”.

vampiros

“Esa revelación se me impuso en el mismo momento en que, preso de un violento arrebato, dejé escapar gran cantidad de esperma que fue tragado según salía. Al mismo tiempo, los muslos que me ceñían la cabeza se tensaron; yo me comporté lo mejor que supe, hundí y saqué la lengua tan deprisa como era capaz, y absorbí todo lo que pude extraer del cáliz exasperado que bailaba contra mi boca. Mis manos no permanecían inactivas, recorrían de arriba abajo la raya perfumada donde mi nariz rebuscaba el aroma afrodisíaco; y mis dedos entraban por momentos en una fosa diferente de acceso más difícil”.

“«Estoy perdido… —pensé—. El conde es un vampiro y esta persona está a su servicio. Ahora también yo me convertiré en vampiro…»”

“En ese momento, la criatura empujó un poco más su culo contra mi nariz y sentí llegar al asalto contra mi barbilla una cosa gorda, peluda y dura. Palpé el objeto y descubrí que se prolongaba en un miembro rígido y turgente que se revolvía para introducirse en mi boca.”

«Estoy soñando —pensé—. Los dos sexos no pueden estar juntos en una misma persona.»”

Y, como hay que saber aprovechar los sueños para enriquecer tu experiencia, chupé el miembro lo mejor que pude, recogiendo la lengua contra el paladar para que recorriese el surco que dividía en dos el glande, porque quería llevar hasta el final esas investigaciones topográficas. La actividad del vampiro continuaba alrededor de mi vientre y, no sé cómo, con ayuda de un quiebro que debí de hacer sin darme cuenta, me lamía los bordes del ojete con una lengua puntiaguda y ágil como Ese contacto hizo que mi verga flácida recuperase vigor.”

“Un último estirón del tallo que yo mamaba con avidez me advirtió de un cambio repentino y la boca se me llenó de cinco o seis chorros de un esperma suculento, cuyo sabor a lejía pronto daba paso a un aroma discreto a trufa. Sin darme tiempo a tragarlo todo, el vampiro, de pronto, se dio la vuelta y su boca se pegó contra la mía, explorando mis encías y mi gaznate para recuperar los pocos filamentos que aún quedaban. Entre tanto, mi sexo invadía un pasaje angosto, tórrido y suave, mientras una mano ligera, alcanzaba mi ano, donde introducía un falo aún tímido pero que se afirmaba con cada sacudida, enloqueciéndome con los más ardientes e inesperados arrebatos”.

“Luché por volver en mí, y me dio tiempo a pensar que por fuerza estaba soñando, pues la vagina que un momento antes se abría entre el ano y los testículos, ahora se encontraba encima de la verga y seguía dándome gusto. La bestia me recorría el rostro con lametadas rápidas y fugaces, cerca de los ojos, de las orejas y de las sienes, lugares que jamás hubiera imaginado pudieran ser tan sensibles. Me estaban entrando ganas de ver a aquella criatura, sin embargo, el resplandor mortecino del fuego apenas me permitía distinguir una parte de su sombra que se recortaba a contraluz sobre el rojo apagado de la chimenea”

“No obstante, se apoderó de mí una nueva oleada de placer que puso fin a esas reflexiones, y expelí un río de semen al fondo de la jaula que me oprimía el miembro, mientras en lo más profundo de mis entrañas sentía derramarse el de mi súcubo. Crispé las manos en sus senos agudos y duros hasta el punto que sentía sus pezones taladrarme la carne y, agotado por estas impresiones tan terribles y fuertes, perdí el conocimiento”.

 

EL DIARIO DE DAVID BENSON acababa ahí. Esas pocas hojas se descubrieron cerca de su cuerpo, en los alrededores de un castillo deshabitado en Radzaganyi, Hungría. A David Benson lo habían devorado parcialmente las fieras salvajes que, cosa curiosa, se cebaron en su bajo vientre, que estaba completamente roído, y habían cubierto su rostro de excrementos y orina.