El lenguaje obsceno en el sexo

El lenguaje soez y obsceno al hacer el sexo es uno de los ingredientes que aumenta considerablemente el placer. Entre sus efectos más conocidos esta el carácter explosivo que aporta al goce sexual y al aumento de la libido. Algunos aseguran que prolonga la eyaculación y a otros les desagrada (al parecer a muy pocos). Sin embargo es difícil de expresar por algunos, por trabas de supuesto carácter emocional.

Por_qué_dices_groserías_durante_el_-sexo

El temor al ridículo, la vergüenza, la timidez y el miedo a producir un efecto negativo en la pareja, paralizan y coartan a la persona que quiere expresarse de una forma un tanto grosera en el momento del orgasmo. Para vencer estos temores es mejor ir adentrándose en este particular camino, poco a poco, de una manera paulatina y progresiva. Los alaridos, quejidos, gemidos y ronquidos son las vías más frecuentes de emancipar el placer sexual. Cada situación es individual y específica, por lo que no hay un glosario de palabras a utilizar.

Les compartimos un párrafo extraído de Paul Auster en su novela Invisible:

“Ahora que vives en situación tan íntima con ella, Gwyn se ha revelado como una persona ligeramente distinta a la que conoces. Es a la vez más divertida y más lasciva, más vulgar y excéntrica… y te asusta descubrir el profundo regocijo que le produce el lenguaje indecente y la extravagante jerga de la sexualidad… Un buen orgasmo pasa a ser la gran corrida. Su culo es un polisón. Su entrepierna es un chochín, una almeja, un Ahora que vives en situación tan íntima con ella.  En uno u otro momento, tu pene es el zupo, el cimbel, la longaniza, el chuzo, el pirindolo, el troncho, el trabuco, el cingamocho, Don Cipote, Doña Polla y Adam junior”….

…” Margot vuelve a excitarlo con gráficos relatos sobre sus encuentros sexuales con mujeres, su pasión por tocar y besar pechos grandes, por lamer y acariciar la entrepierna femenina…, y mientras Walker no acierta a decidir si se trata de historias verdaderas o simplemente de una artimaña para que se empalme de nuevo…, disfruta escuchando esas guarradas, lo mismo que cuando Gwyn empleaba aquel lenguaje soez en el apartamento de la calle Ciento siete Oeste. Se pregunta si las palabras no serán un elemento esencial de la sexualidad”.