En Malawi le pagan a las “hienas” por tener sexo con niñas

En  el remoto sur de Malawi es tradición que las niñas, una vez llegada la pubertad, tengan relaciones con un trabajador sexual de pago, conocido como “hiena”. Este hecho estremecedor no es considerado por los ancianos de los pueblos, como  una violación, sino un ritual de “limpieza”. Para colmo de males, usualmente causa un efecto contrario y aun más nefasto, el de ser una vía para propagar enfermedades, según señala Ed Butler,  periodista de la BBC que se trasladó al lejano país africano.

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En varios distritos, deben someterse mujeres que quedaron viudas o aquellas que sufrieron un aborto. En Nsanje, son las adolescentes quienes, después de haber tenido su primera menstruación, deben tener relaciones sexuales con la “hiena durante tres días.

El paso de la infancia a la edad adulta, se define con este horroroso ritual. Su familia, incluso el pueblo completo, podría caer en desgracia,  en caso de que la niña se niegue a someterse a este “bautizo”. “La mayoría con las que dormí fueron niñas, niñas en edad escolar”, apunta Aniva, una de las hienas, y puntualiza: “Algunas tienen tan solo 12 o 13 años, aunque yo las prefiero mayores”.

“Todas estas chicas encuentran placer en tenerme como su hiena. De hecho, están orgullosas de ello y le dicen a la gente que éste -él mismo- es un hombre de verdad, que sabe cómo darle placer a una mujer“. Pero, lógicamente, a muchas niñas  muestran su aversión y rechazo a la dura prueba.

“No había nada que pudiera hacer. Tenía que someterme a ello por el bien de mis padres”, comenta una de ellas.

“Si me hubiera negado mis familiares habrían enfermado, incluso muerto. Y eso me asustó”.

Aniva, la “hiena” de 40 años, tiene dos esposas, y ambas tienen conocimiento del trabajo de su esposo, quien afirma, con pasmosa sinceridad, haber tenido relaciones sexuales con 104 mujeres y niñas. El hombre, tiene 5 hijos, al menos los que él sabe. Desconoce además,  si ha dejado embarazadas a más mujeres o niñas, haciendo alarde del “privilegio” de ser  una de las 10 hienas de su comunidad y solicitan sus servicios en todos los poblados del distrito de Nsanje. Por estos “servicios” recibe un pago que oscila de  US$4 y US$7 por sesión.

La “limpieza sexual” con la hiena es la última etapa  del proceso, que es organizado agrupando a las adolescentes en campamentos anuales, para instruirlas en sus roles de esposas y en cómo satisfacer sexualmente al marido. Para ello, los padres de las niñas acceden voluntariamente a que sus hijas sean sometidas a la prueba. Argumentan que esto es necesario “para evitar infecciones en la familia y en el resto de la comunidad”, subrayan. Las autoridades sanitarias y de salud, alertan que estas  supuestas “limpiezas” pueden ser la vía para la propagación de enfermedades de transmisión sexual.

Para aumentar este riesgo,  la tradición exige que la hiena no debe usar preservativo.

Pero las custodias aseguran que la hiena se selecciona por su buena moral, y que por lo tanto no puede estar infectado con el VIH ni tener sida.

La Organización de Naciones Unidas calcula que uno de cada 10 habitantes de Malawi porta el virus.

Aniva reconoce que si es portador del VIH, pero no se lo menciona a los padres de las niñas con las que tiene sexo cuando lo contratan y afirma que ya no hace tantas “limpiezas” como antes y destaca: “Aún hago algún que otro ritual aquí y allí, pero lo estoy dejando”. Son muchas las voces que condenan la costumbre: el gobierno, las organizaciones no gubernamentales y la iglesia. Todos la desaprueban, e incluso las autoridades lanzaron recientemente una campaña contra lo que denominaron “las prácticas culturales dañinas”.

“No vamos a condenar a esta gente” que participa en los rituales de las hienas, dice May Shaba, del Ministerio de la Igualdad de Género, la Infancia, la Discapacidad y el Bienestar Social, quien casi tímidamente, plantea una “cierta esperanza”:  “Pero les vamos a dar la información que necesitan para cambiar esas prácticas”.