Darle un beso negro a ella

El sexo oral anal es dual, pues lo pueden dar y recibir tanto hombres, como mujeres; y para las personas que no lo recibieron nunca, puede significar descubrir un nuevo placer, pleno de sensaciones nuevas y estimulantes. Inevitablemente el ano está en el camino del goce, cuando se practica sexo oral.

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El amante se recrea mojando con la lengua cada centímetro de la vulva y el clítoris, sus manos acarician las nalgas, que le sirven para aferrarse y tener firmeza y precisión en el cunnilingus. Pero esas manos comenzaran a decidir por sí mismas y los dedos cada vez se internan más en el ano; y la lengua acompañara en la misma dirección: abandona la vulva para avanzar hacia el perineo. La intención comienza a manifestarse. Los gestos y el sondeo son un anuncio; es una forma de decirle a la compañera sexual que el ano es el objetivo.

Ella recibe el mensaje y comienza a relajar el recto, la invade una sensación diferente y una ansiedad muy particular. Es el deseo más caliente en estado puro. Con los dedos encaminados hacia el ano, las manos de él impulsan el cuerpo de ella hacia arriba, para moverse con mayor facilidad. Y ella cederá gustosa. Hasta que finalmente se da la vuelta de espaldas, se apoya en sus rodillas y eleva los glúteos. No acepta el juego, lo está pidiendo.

El abre con sus manos esas nalgas que se ofrecen y en cuyo centro late el objeto de su deseo. Sus dedos avanzan, lo tocan y poco a poco lo abren con delicadeza, mientras ella experimenta nuevas sensaciones placenteras. Comienza a besar las nalgas dando giros concéntricos desde afuera hacia adentro. Se demora con besos apasionados que exacerban el deseo.

Su lengua se estira un poco más y ya humedece el interior de los glúteos, hasta que da la primera lamida suave y tibia, que deja el ano húmedo y sensible. Lugo utiliza la punta de su lengua, lo presiona, lo investiga, lo fuerza y lo abre. Entonces la lengua se contrae, se pone dura y apenas se abre camino en el interior del ano. Lo suficiente intenso para que la recorra un escalofrío de placer.

El beso negro, si se realiza lenta y sensualmente, acompañado de la masturbación del clítoris, puede llevar a la mujer a un orgasmo muy intenso y altamente satisfactorio, e inolvidable para ambos.