Darle un beso negro a el

En el caso de hombres heterosexuales, el ano siempre ha estado rodeado de prejuicios. Aun cuando tengan o no, bien definida su identidad sexual, todos, es rara la excepción, sienten temor y un rechazo inmediato a experimentar. Piensan que “no es bueno”, ni normal para su hombría, descubrir el placer centrado en esa zona tabú. Es una transgresión que no se permiten, en nombre del arraigado machismo que representan social y culturalmente. Eternamente y aun hoy, para todos los hombres heterosexuales, el goce sexual se centra en el pene.

Beso-Negro-Colibri-Sexo-Oral

Unos pocos, más audaces y transgresores, han experimentado un gran placer al sentir estimulado su ano, con los dedos, con la lengua, e incluso, los mas atrevidos se han lanzado con juguetes eróticos. Practicarle el beso negro a un hombre, significa vencer en el esos miedos, hasta que descubra el placer sin límites que implica superar esa barrera de temores infundados y represivos.

Ella debe dedicarse a una felación lenta…sus labios descienden desde el glande para recorrer cada centímetro del tronco, tomando como guía el estrecho hilo rojizo de la uretra, que baja hasta perderse en el escroto. Ese filamento casi imperceptible, suele ser una zona erógena secreta en el pene y dibujar su recorrido con la punta de la lengua, le provocara escalofríos a él y aumentara a límites extremos su excitación.

Cuando las lamidas han dejado el falo tenso y duro, ella le pedirá sugerentemente a su amante que se ponga “a cuatro patas “y ella se acuesta boca arriba y coloca su cabeza bajo el arco que forman las piernas de él. Así puede lamer a gusto el pene, mientras sus manos juegan con las nalgas. Los dedos buscan el final de la espalda, recorren con dos dedos todo el canal y tocan, como por descuido, el orificio del ano. Todo esto sin dejar de chupar el pene.

Lentamente ira abandonando el miembro, para lamer el escroto. Luego, juega con su lengua en el perineo, hasta que se coloca detrás de él, se ensaliva un dedo y, mientras con una mano agarra el pene masturbándolo, con el dedo húmedo masajea alrededor del ano. Esas sensaciones combinadas harán crecer el placer. La masturbación debe ser lenta, pero continúa. Ella debe evitar tocar el glande, para no precipitar la eyaculación.

Con esa excitación tremenda, ellas deja el pene y abre con ambas manos las nalgas y se dedica a besar el interior, lamer el ano y empujarlo con la punta. Cuando él se encuentra al borde del éxtasis, ella vuelve a masturbarlo más rápidamente y besa el ano hasta donde puede. El orgasmo es inminente y el está cada vez más cerca de descubrir una nueva fuente de placer y gozo.