Soñando con un trio erótico

El hombre siente una gran inquietud y comienza a masturbarse y, en su mente como si estuviera viendo una película que el mismo protagonizara, se claramente dirigiendo sus apresurados pasos hacia un local que ofrece un excitante espectáculo erótico. Imagina con ardor, que su vista y sus sentidos se excitan viendo a dos mujeres que ofrecen al público un número de striptease y luego comienzan a acariciarse una a la otra, sobre un escenario muy sensualmente iluminado.

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En su sueño erótico, una de las mujeres es rubia, de formas curvilíneas y sensuales, pechos y nalgas opulentas; en cambio, la otra es morena y muy espigada y esbelta, con pechos que apenas despuntan como los de una adolescente, sus largas piernas rematan en unas delgadas y firmes caderas. Pero sus cuerpos tan diferentes entre sí, no son obstáculo para que una se entregue a la otra masturbándose mutuamente y dándose el gozo que solo una mujer puede dar a otra,  sabiendo de antemano el anhelo del clítoris por ser rozado y lamido, el ansia de los pezones por ser succionados y la vagina y el ano, deseando ser colmados por los hábiles dedos, frotando sutilmente las zonas más sensibles del cuerpo femenino.

Estas imágenes lo llevan a sentir, cada vez más, como crece su excitación y en su ilusión, algo en el las atrae y aceptan acompañarlo para llevar a cabo una ceremonia sensual y sexual entre los tres. Sus más íntimas fantasías le proporcionan un inmenso placer: el sueña con que una de esas mujeres le propongan que elija a una de ellas, aunque no le dicen con qué propósito. El imagina que la morena con aire adolescente comienza a rendirle un sumiso homenaje, recorriéndole todo el cuerpo con su lengua, al mismo tiempo que su mirada se recrea en la sensual rubia, que se masturba con las piernas muy abiertas, para que el la vea, mientras gime por el intenso placer que la invade.

El está seguro que, cuando ya no puede resistir más, la acuesta sobre la cama boca abajo y la penetra analmente, abrazándola por delante para alcanzar con sus manos los redondos pechos de ella, y que, para que su placer sea completo, la morena se sienta a horcajadas sobre su cintura y le lame la espalda, mientras su delgado dedo meñique lo penetra muy hábilmente, también a él por detrás.