¿Eres adicto al swinger?

Algunas personas disfrutan de ver a la pareja en una situación sexual, por supuesto tratando de que el intercambio ocurra lo más “equilibradamente” posible. Cada “par “plantea sus propias condiciones previas: hasta acá sí, hasta acá no (por ejemplo). Esto sí, besos no. Penetración no, lo otro sí. “Swinger”, en inglés, traduce algo como: “columpiar”; y para balancearse hay que hacer muy buen equilibrio porque si no se rompen los esquemas. El respeto por los códigos internos y externos es parte muy importante de esto:

swingers

  • De lo que la propia pareja establece como válido
  • De no ser invasivo con otras parejas que tienen sus propios acuerdos válidos también. Por ejemplo, un toque de hombro o en otra parte del cuerpo es señal del acercamiento cortés;  “tirársele encima” al otro, NUNCA es lo más adecuado ni en un dark room… El zarpe ocurre como en cualquier lugar oscuro y es parte del juego, al que no le gusta, se levanta, se va y nadie le dice nada. Son muchas las parejas que buscan una mujer. Las mujeres en general son más generosas y más entregadas, los hombres entre sí, en general no se tocan. Muchos intercambios terminan en un hotel, pero la mayoría se resuelven ahí mismo.

El doctor Walter Ghedín (médico psiquiatra y sexólogo) opina como profesional experto en el tema, de esta manera: “La excitación swinger se basa en el doble papel de ser protagonista y espectador de la escena sexual. La mirada voyeur se nutre de la fantasía convertida en acción frente a sus ojos.  También hay que agregar que la experiencia SW (swinger) tiene aspectos más profundos que arraigan en la construcción misma del vínculo de pareja: “porque te poseo te comparto”. Las personas que acuerdan este tipo de práctica cuentan con la capacidad para disociar la imagen del otro: aquel que ama, comparte la vida cotidiana y acompaña en los proyectos, con el “sujeto erótico/sexual” generador de intenso placer. Pero ojo,  sentir deseo por repetir la experiencia no convierte a la persona en adicto sexual. Como toda adicción se requiere de la necesidad imperiosa de “consumir” experiencias eróticas, que además de brindar placer, calme el estado de tensión interna; para que después de un tiempo regrese el impulso urgente y busque ser saciado. Las compulsiones sexuales provocan abstinencia (ansiedad, irritabilidad, insomnio, conductas de riesgo, etc.) cuando no son satisfechas. En el erotismo todo aquello que fue fantasía y se convierte en una realidad tiene una carga mayor de excitación. Y como todo goce se basa en la repetición y en insatisfacción, buscará ser saciado.”