Disfrutar intensamente el sexo

La forma en que se acoplan los amantes y realizan los movimientos que resulten más placenteros son esenciales para que durante la penetración la excitación vaya en aumento y por lo tanto el momento del clímax sea una experiencia inolvidable para ambos. Si se insiste siempre en el mismo compas y ritmo, desde el inicio de la penetración hasta el final de la relación, puede llegar un punto en el que surja la monotonía, que es la principal enemiga de las relaciones placenteras.

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El temperamento de cada uno determinara la cadencia tanto si se prefieren los embates breves, profundos o fogosos, porque la urgencia de la pasión así lo requiera, como si son más serenos, para que el disfrute crezca poco a poco. El penetra suavemente, acariciando antes con la punta del glande el clítoris y los sensitivos labios interiores, luego introduce una pequeña parte del miembro y permanece quieto hasta que ella, con sus movimientos y la apertura de su vagina, lo invita a entrar más profundamente.

A partir de este momento, el ritmo se hace más veloz y voluptuoso, variando las acometidas, acercándose y alejándose para prolongar ese intenso momento de gozo y placer. El pene palpita y busca acariciar las paredes del canal vaginal, la pelvis de ella sube y baja, mueve sus caderas voluptuosamente teniendo como eje el pene, su carne palpita y lo aprieta, se detiene y cambia de postura, para aumentar el creciente morbo. Así, una y otra vez, hasta que, exhaustos, llegan al orgasmo.

Por supuesto que tanto los movimientos como la postura dependen de si es ella o el quien lleva la iniciativa, igualmente las posibles combinaciones son casi infinitas y todas validas si despiertan sensaciones placenteras. Siempre las caricias preliminares destinadas a erotizar y los diversos juegos sensuales, incluyendo la penetración inicial suave, van preparando para la relación, que no se rige por ideas pre concebidas. Las formas de obtener placer son múltiples y están dispuestas por la creatividad y la imaginación de la pareja.

Si el nota que la vagina está bien lubricada, además de otros signos visibles como el rubor en ciertas zonas, el temblor de los miembros, la tensión en la espalda y los labios levemente hinchados, e igualmente ciertos puntos altamente erógenos manifiestan una enorme sensibilidad al tacto, reconoce que ya ella está preparada para una penetración bien profunda.