Sobre el Orgasmo femenino

La cúspide del placer se llama Orgasmo. Y el cuerpo femenino lo experimenta con un gran estallido que tiene manifestaciones físicas muy claras y evidentes: el aumento del calor corporal y una fuerte tensión muscular que transmite una sensación: gran cantidad de energía acumulada a punto de escapar. Se aceleran la respiración y el ritmo cardiaco. Una sensación de cosquilleo crece por todo el cuerpo. Se eriza la piel y se enrojece. Los pezones se erectan y endurecen al máximo.  Contracciones espasmódicas que nacen desde el clítoris y se difunden por toda la zona genital, hasta alcanzar también el ano, anuncian la intensidad del cercano orgasmo.

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Las reacciones ante el éxtasis son tan variadas como el propio clímax, que se manifiesta de forma distinta según las circunstancias y según la mujer. En algunas, provocan movimientos violentos, acompañados de gritos, gemidos u otros sonidos; una pérdida parcial de la realidad, abandonadas al inmenso placer que sienten en ese momento; una gran tensión corporal que se manifiesta tensando la espalda, apretando con fuerza los puños y doblando los pies hasta superar la posición de puntillas.

Toda esa energía liberada, a diferencia del hombre, no se produce en escasos segundos como una explosión nuclear. Se manifiesta en oleadas de placer intensas y sucesivas que alcanzan su grado máximo y pueden mantenerse para luego decrecer lentamente. Sin embargo, no es esta una situación única, ni la descripción del orgasmo perfecto, pues investigadores del comportamiento sexual han descrito tres tipos de orgasmo.

El llamado orgasmo resolutivo es el más directo, en el que la mujer experimenta un clímax muy intenso, para luego en el reposo, sentir la agradable sensación de liberación.

El orgasmo de meseta, es más suave que el anterior y, en consecuencia prolonga más el placer.

Y finalmente, el orgasmo múltiple, llamado también orgasmo secuencial, que es aquel en donde suceden varios orgasmos, uno detrás de otro.

Ser multi orgásmica es una característica muy singular de la mujer, ya que la mujer no requiere como el hombre, un periodo de relajación y recuperación tras el clímax. Algunas mujeres han perseguido el placer multiorgasmico como una panacea o el ideal perfecto del gozo. Sin embargo no ser multi orgásmica (la mayoría de las mujeres no lo son) no es ninguna anomalía, enfermedad y tampoco motivo de preocupación.