Sexualidad y Autoestima masculina y femenina

Autoestima masculina

Sexualmente hablando, el hombre siempre estuvo sometido a una presión extra por la cultura machista, mediante ideas y hábitos arraigados desde hace siglos. El hombre, según estos tópicos, debía ser fuerte, enérgico, mantener su virilidad intachable y demostrar atraves de la mejor e ineludible prueba: la erección. Aun hoy, estos preceptos describen para mucha gente a un hombre “con todas sus letras”. Cualquier fallo en alguna de estas cualidades se observa como una disminución de su condición masculina.

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Evidentemente esta carga extra hizo que durante muchos siglos los hombres entendieran la relación sexual justamente como un examen de virilidad, y redujeran el placer al contacto genital, donde la erección era el punto de referencia. La falta de deseo, traducida en un miembro fláccido o una erección blanda, suponían una frustración personal. Desde luego “un miembro fláccido” provocaba una gran frustración e inseguridad y en muchos casos la represión del apetito sexual por temor al fracaso. El resultado era una libido disminuida y más  dificultades aun, para lograr la erección.

Afortunadamente, el hombre del siglo XXI intenta modificar el papel asignado por la sociedad en busca de valores que le permitan aceptarse tal como es, quitarse de encima la falsa responsabilidad del éxito de cualquier contacto sexual y entender que el placer es compartido. Rebajar estas cuotas de culpa hasta eliminarlas de las relaciones sexuales permite aumentar la autoestima, es decir, elevar la posición positiva que el hombre tiene de sí mismo y sentirse a gusto para asumir una relación sexual múltiple y compartida.

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Autoestima femenina

Si el hombre, por tradición, ostentaba del papel de la autoridad y tenía el mando de la relación sexual, las culturas machistas cedían el papel de la pasividad y la sumisión a la mujer. Desde esa baja estima del otro hacia ella, la mujer se sentía insegura, poco deseada y dudaba de sí misma. Con este estado de ánimo y la carga de las normas sociales impuestas, su derecho al placer quedaba relegado. Ni ella se daba el permiso para gozar, ni la sociedad lo consideraba una necesidad. Estas ideas dominaron la vida íntima y social de las mujeres hasta hace relativamente pocos años.

La toma de conciencia de su independencia sexual la libero para sentir placer y para procurárselo. Esta conquista les permitió aplicar y transmitir al hombre que las relaciones sexuales eran infinitamente más amplias que el coito y por supuesto, mucho más variadas que la estrictamente genital. Con estas premisas, la autoestima de la mujer se fortalece cuando se acepta a sí misma, se siente deseada y asume un papel activo; cuando es tratada en igualdad de condiciones, cuando recibe sensaciones agradables por el tratamiento que le ofrece su compañero sexual. Así la mujer refuerza su seguridad interior, que le permite asumir sus deseos y satisfacerlos con un gozo pleno.