octubre 25

¿No te gusta el sexo oral?

Muchas veces por prejuicios culturales, casi siempre de tipo higiénico, el sexo oral encuentra obstáculos para su práctica sin inhibiciones. Incluso en personas que nunca lo probaron o solamente lo hicieron por complacer a sus amantes; despierta resistencias porque les provoca cierta repugnancia los aromas o sabores de los genitales y sus secreciones y fluidos. Sin embargo, casi siempre la pasión logra imponerse a estos prejuicios.

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En uno de sus ensayos sobre teoría sexual (1905) Sigmund Freud lo explica muy claramente: “(…) El que abomina de las otras prácticas sexuales (refiriéndose al sexo oral), usadas quizás desde los más primitivos tiempos de la humanidad, considerándolas como perversiones, obedece a una bien definida sensación de repugnancia que le protege de la aceptación de tal fin sexual. Los límites de esta repugnancia son, sin embargo, puramente convencionales: individuos que besan con pasión los labios de una bella muchacha no podrán emplear sin repugnancia su cepillo dental, aun no teniendo ninguna razón para suponer que su propia cavidad bucal, que no les produce asco, este más limpia que la de la muchacha. La repugnancia se nos muestra aquí como un factor susceptible de cerrar el camino a la sobreestimación sexual, pero también de ser vencido por la libido”

Estas conclusiones freudianas, validas también en la actualidad, nacen de la represión que impone desde antiguo la observación y caricias de los genitales, vistos como zonas prohibidas y como las partes menos higiénicas del cuerpo, pues corresponden al aparato excretor.

Para el hombre, el sexo oral siempre ha tenido algo de dominación y sometimiento de la mujer. La cultura de la llamada “falocracia” todavía no elimino el pene como símbolo inequívoco de la sexualidad, de forma que esa cultura alimentada durante siglos provoca excesos de autoritarismo. La práctica del cunnilingus aparece, a veces, como una decisión personal en la que no interviene la amante.

Por otro lado, son muchas las mujeres que tienen muchas dudas con el sexo oral y se debaten entre variadas sensaciones. Algunas sienten vergüenza, tienen temor de que a su compañero sexual le resulte fea o desagradable su vulva. O las embarga el complejo de que su clítoris es muy grande o muy pequeño. Otras se sienten avergonzadas por aspectos como la cantidad de vello o el color de sus labios. En resumen, es el miedo al rechazo de su amante porque le desagraden sus genitales lo que las perturba. E igualmente les preocupa mucho que a él no le guste el olor de su vulva.