El Punto de no retorno en el sexo oral

La técnica aplicada sin pasión se deduce a un movimiento mecánico y poco estimulante. Cuando la excitación de tu pareja va aumentando, el ritmo de las lamidas o chupadas y las zonas donde se prodigan también deben cambiar. Si el está a punto de llegar al nivel más alto de excitación, hay que alejarse del pene y lamer los testículos por un momento para sorprenderlo. O dar lamidas lentas y sugerentes a lo largo de todo el tronco para hacerlo desear.

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Y con la misma intención, rozar el glande lentamente con los labios, en una caricia que lo elevara a un placer sin límites. Es importante que recuerdes que existe el Punto de no retorno; que es un momento en el que ya el hombre no puede controlar el orgasmo y se deja llevar hacia el clímax que lo hará eyacular. Muchas veces los síntomas son un descontrolado movimiento de las caderas buscando mayor velocidad y profundidad. La musculatura se vuelve m as tensa y la respiración mucho más rápida, con dificultad e incluso a veces contenida.

Ha llegado el momento de acelerar el ritmo de las chupadas y el movimiento de la mano, aunque sin brusquedad, ya que la sensibilidad de la piel irritada es muy fuerte y puede provocar dolor si se aprieta mucho o el roce de la mano es demasiado acelerado. En ese especial momento, muchos hombres multiplican el placer si se les mete un dedo, previamente lubricado con saliva, en el ano y se los estimula con un suave masaje sobre la próstata. Si se conocen los gustos de él, y no le apetecen las caricias en el ano, también es muy estimulante masajear el perineo cuando la eyaculación es inevitable.

Para no provocar una situación incómoda para ambos cuando el hombre llega al clímax, es bueno que la mujer haya pensado previamente que hará en el momento de la eyaculación. En los instantes previos, el pene se tensa al máximo y comienza a palpitar y a tener espasmos que anuncian el clímax. Algunos hombres prefieren, en ese momento que se estimule solo el tronco del miembro y que no se acaricie  el glande. A otros en cambio, les apetece que la chupada del glande llegue hasta el final.

Si la mujer está decidida a tragar el semen o a recibirlo en su boca, no es necesario quitarlo de la boca, o dejarlo a poca distancia de los labios mientras se sigue chupando. Si no es así, cuando ella percibe la proximidad de la eyaculación, acerca la cara, el pecho u otra parte del cuerpo para recibir la descarga del semen mientras masturba el pene hasta el último momento.