Sometido en el trabajo (Relato erótico)

Él estaba temeroso e inseguro y todo el día le daba vueltas en la cabeza a la posible pérdida de su trabajo. Ella tenía otras cosas en mente. Coincidieron en el ascensor. Seria, le pregunto, si no había recibido una nota en la que le notificaba que se tenían que ver para arreglar ciertas “diferencias” y problemas concernientes al trabajo. Él le contesto que ya había terminado su jornada laboral y que eso deberían hablarlo al día siguiente.

dominatrix

 

A ella se le iluminaron los ojos y expreso un gesto de fiera furiosa, lo tomo por las solapas y acercando su boca a pocos centímetros de la cara de él, le grito: “Mira, estoy harta, ahora mismo vas a ir hasta mi auto, me abrirás la puerta y subirás en él, sin decir una sola palabra… ¿Entendiste? El sintió todo el poder de la dominante mujer que es su jefa, que lo taladraba con sus grandes ojos azules echando chispas.

Sin decir una palabra salió del ascensor y fue hacia el coche a cumplir sus órdenes. Abrió la puerta y se sentó en el asiento del acompañante. Ella al volante le dijo: “Ahora mismo te desnudas”. El insinuó una protesta leve y ella decidida y agresiva le apretó con su mano ansiosa la entrepierna. Después le ordeno: “Cállate, mira en ella siento de atrás, coge esa ropa y póntela”

Él se desvistió y se sintió indefenso en el auto de su jefa, totalmente desnudo. “¿Te divertiste haciendo el listo en la reunión…verdad? “Ya voy a acabar con esta situación. Tomo una gorra negra, una chaqueta y un short negro de látex y se vistió con una especie de uniforme sado masoquista. Llegaron a la casa de ella y lo empujo sobre su cama, ordenándole que primero le quitara los zapatos y le lamiera uno a uno los dedos de los pies. Ya lo tenía sumiso a sus pies. Poco a poco fue lamiendo sus pies y luego sus piernas. Ella, ya sin ropa, se acariciaba los pechos; mientras el subía centímetro a centímetro con su lengua.

Sus manos fueron avanzando y abrieron las piernas de su ama, siguiendo sus órdenes. Ya él estaba fuertemente excitado, con su pene muy erecto. Fue entonces cuando se dio la vuelta, se puso en cuatro patas y la cara de el quedo a milímetros de sus nalgas. “lámeme poco a poco, mi guardia privado” ordeno y en la obedeció, acerco su lengua al canal de las nalgas y la movió de arriba abajo, como un pincel. Iba desde el ano hasta la vulva y se regresaba.

Una mano toqueteaba su clítoris, sus gemidos se hicieron más fuertes mientras le ordenaba que la hiciera llegar al clímax y el no dudo: movió su lengua con un ritmo acompasado y firme hasta que escucho el grito del orgasmo de su ama.