Por primera vez un pene en tu garganta (Relato erótico)

Ella era una mujer que había pasado hacia muy poco la barrera de los 30 años, rubia, con el pelo suelto sobre los hombros, ojos negros, labios gruesos y sensuales. Con una cara armónica, cuerpo muy atractivo y pechos hermosos y redondeados. Esa tarde decidió ir a comprarse unos “blue jeans” a una gran tienda por departamentos.

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Él era un moreno alto, de ojos verdes y cuerpo musculoso y se paseaba por la tienda mirando la mercancía, cuando cruzo la mirada con ella, camino del probador. Se trataba de una chica decidida y buscaba sensaciones nuevas. No necesito más nada: su mirada sostenida fue una clara invitación que termino de confirmar su deseo.

Fue rápidamente detrás de ella y cuando entro en el probador descubrió que él ya estaba dentro, provocándole al principio un poco de temor e inquietud. Sin hablar una palabra, la beso apasionadamente, con mucha fuerza, pero sin violencia. La tenia inmóvil, no la dejaba moverse, mientras sus manos la dibujaban y acariciaban su cuerpo.

Libero sus manos y empezó a desnudarlo hasta dejarlo solo con el bóxer pegado a ese cuerpo que deseaba con ansia, como a un fruto prohibido. Como respuesta, él le arranco el top, quedando los pechos de la mujer en libertad, atrayendo la vista y la boca del hombre, que empezó a besarlos haciendo círculos, mordiéndolos suavemente y succionando los pezones hasta que se endurecieron por la excitación.

Ella, anhelante, comenzó a bajarse los pantalones, mientras el la ayudaba a quedarse desnuda. Los murmullos de la gente ahogaban sus ruidos y sumaban excitación al momento; la idea de ser descubiertos por la dependienta los incitaba a seguir con pasión. Ella, entonces, comenzó a deslizarse hacia abajo con la lengua y los labios, lamiéndolo entero. Al llegar al bóxer lo bajo para que el pene endurecido pudiera salir de su encierro.

No tardo un solo segundo en tomar con la mano e introducírselo en la boca. Lo metía y lo acaba dándole pequeñas lamidas. Mientras, una de sus manos le acariciaba los testículos y un dedo marcaba la entrada del ano; apretaba y aflojaba, sugiriendo la penetración, hasta que aumento la frecuencia de las lamidas del pene y, cuando el emitió un gemido, le introdujo, poco a poco el dedo.

Automáticamente el miembro alcanzo su máxima dureza. El tenso su cuerpo anunciando la llegada de la eyaculación. Al sentirlo, ella se sintió más excitada aun y chupo con más intensidad, rítmicamente, hasta recibir la primera descarga en las puertas de su garganta.