Yo elegí ser puta

Esta contundente frase, al igual que: “Soy puta por elección” son repetidas por muchas chicas que forman parte de un movimiento surgido en España, que defiende el trabajo sexual por voluntad propia o por elección, es decir, no obligadas por circunstancias difíciles o situaciones escabrosas. “No quiero seguir en este sistema laboral” con esta frase lapidaria cerro su trabajo de 3 días en un McDonald y concluye tajante: “Debería haber empezado a prostituirme mucho antes”.

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“Una de las cosas que la gente piensa cuando te metes en esto es que te va a dar por el alcohol, las drogas, y que te vas a acostar con cualquiera. Y todo lo contrario. No he fumado en mi vida y escojo a mis clientes. Un masajista ofrece sus manos a cambio de una experiencia concreta. Pues lo mío es lo mismo. No vendo mi cuerpo porque eso es hacerte propiedad de algo. Y yo no me hago propiedad de nadie. Llego a casa con todas mis partes”, dice con una carcajada otra chica que luce tatuajes y cuyo “look” no es el habitual de una prostituta. Se autodenomina: “escort alternativa “y está muy satisfecha con su decisión de integrarse a este mundo.

“Lo que ha pasado con la crisis es que muchas mujeres, al perder su trabajo y no tener problemas con tener sexo con desconocidos, se han lanzado a esto. Pero, claro, sin guía. Y como cualquier faena, te tienes que estar reinventando, actualizando. Aprendiendo. El problema es que aquí, como todos follamos, la gente se cree que lo puede hacer bien. Hay gente que puede cocinar muy bien en su casa pero luego no puedes ser jefe de cocina. Aquí pasa lo mismo. Tienes que profesionalizarte, estás atenta a muchas cuestiones “acota otra que sugiere más profesionalismo de parte de algunas.

“Yo no podría trabajar en un matadero porque se me revolverían las tripas, como a otras mujeres se les pueden revolver al comerse la polla de un señor”, explica una catalana sin ningún tapujo.

Y otra, más conceptual, define a las prostitutas como “artistas del sexo”. “Cada relación no sale igual, es independiente. Es como si tuvieras un huipil (una prenda artesana mexicana). Cada una es diferente porque se hace a mano y es individual. Y eso tiene que tener un coste. No vendemos un producto de necesidad. Vendemos un producto de lujo”, asegura. “Y eso es algo que no todas las novatas tienen en cuenta a la hora de fijar los precios”.

Para muchos esta actitud frente a este negocio es un descaro, ellas no se preocupan del que dirán en lo absoluto” En España esta polémica está servida.