Internarse en el placer de la vulva

Las caricias y los besos han ido despertando la energía sexual y los amantes llegan a un punto en el que lejos de desear un descanso, se sienten incitados a continuar avanzando sin prisas, deteniéndose en cada pedacito de piel, internándose cada vez más en la voluptuosidad.

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Lentamente van desplegando la energía, ofreciendo sensaciones nuevas e inesperadas, si están dispuestos a vivirlas intensamente, aventurándose y explorando las propias posibilidades de disfrute y las del compañero sexual, sin tapujos, respondiendo a los deseos más ardientes y a las fantasías más recónditas, que son las que dictan el camino a seguir, siempre mas allá, tratando de traspasar los límites. Los orientales recomiendan olvidar las inhibiciones, atendiendo solamente a la llamada del instinto, que de una manera sabia va descubriendo los secretos y los auténticos deseos de la libido.

La vulva es un verdadero “templo de placer”. Acercarse lenta y suavemente a ella, como si se siguiera un ritual, antes de llegar a su interior, es un arte que permite disfrutar intensamente tanto a los hombres como a las mujeres. Para que las sensaciones sean más estimulantes, la propuesta es no ir directamente hacia los genitales sino seguir una especie de ceremonia, que comienza rozando con delicadeza el vientre, descendiendo suavemente desde el ombligo hacia el monte de Venus, besando y lamiendo la piel, hasta enredar los dedos en el vello púbico, jugueteando con sus raíces, ricas en terminaciones sensibles.

O comenzando por besar la cara interior de los muslos mientras se desliza una mano por debajo de las nalgas para acariciarlas, de manera que el cuerpo de ella se funda en múltiples y deliciosas sensaciones. Cuando por fin él se acerca y toca los sensibles labios exteriores, la vulva se va abriendo como una flor, dejando ver los sensitivos labios interiores, que laten anhelantes esperando ser rozados. En ese momento, si dirige sus caricias a los muslos y luego vuelve a insinuar un acercamiento al clítoris, ya erecto, hará que aumente el deseo en ella.

La respuesta de cada mujer es singular y no siempre reacciona igual ante los mismos estímulos, pero si el amante toma esto como un aliciente más, su imaginación se desatara, incrementando su creatividad sexual. Una mano trepando despacio y estimulando el clítoris mientras la otra abarca el monte de Venus o acaricia los senos, provocando la circulación de una corriente energética muy fuerte entre ambos puntos erógenos, y lo mismo ocurre cuando se roza el clítoris sensualmente, mientras se introducen dos dedos, de la otra mano, en la vagina o en el ano, para multiplicar el disfrute en varios puntos a la vez.