Para hacer el mejor Cunnilingus 2

Suave contra Brusco: Si el hombre desconoce las preferencias de su amante, lo mejor es indagar y preguntárselo. Pero si por pudor o por alguna situación especial no se anima o no es conveniente, es preferible siempre hacerlo muy suave y esperar a que ella misma pida más fuerza, porque cualquier movimiento brusco provoca molestias o dolor y ambos factores hacen que la mujer pierda concentración, deseo y ardor. Girar la cabeza de arriba a abajo o de lado a lado, recorriendo la vulva con la lengua de forma lenta, asegura un placer insospechado.

cunnilingus

Los sonidos: Existen ruidos asociados con la actividad sexual que sirven como motivador, como excitante para la mujer. Emitir sonidos característicos al chupar o lamer, e incluso dejar escapar soplidos de excitación o agitación, y gemidos, ayuda a que ella comprenda que el hombre también está disfrutando del cunnilingus y la relaja para gozar más y más prolongadamente.

Un dedo: A muchas mujeres les gusta el juego manual durante el sexo oral. Algunas prefieren masturbarse ellas mismas acariciándose el clítoris mientras su amante les lame la vulva. Otras, que su compañero sexuales les introduzca uno o dos dedos en la vagina cuando sienten que la lengua en el clítoris esta próxima a llevarlas al orgasmo. En cambio, si la penetración con el dedo no les gusta en ese momento, ellas mismas se encargaran de hacer un gesto negativo para quitarlo. Ante esta insinuación conviene retirarlo rápidamente para que no se interrumpa el clímax.

Otras zonas erógenas: Cuando crece el deseo, el cuerpo pide más y la estimulación termina siendo múltiple. Mientras la lengua se ocupa de la vulva y el clítoris, una mano participa de la masturbación, en tanto la otra se acerca a otras zonas erógenas que quedan a su alcance para acariciarlas, según la postura que se haya adoptado. Desde el perineo y el ano (penetración con un dedo), hasta las nalgas, los muslos e inglés, los senos y los pezones.

Alerta de orgasmo: El cuerpo tenso de ella empieza a anunciar la proximidad del orgasmo. Es conveniente siempre acelerar las lamidas, aumentar el ritmo, aunque no de manera descontrolada (nunca caer en la brusquedad). En esos momentos es preciso centrarse en el clítoris, aunque con lamidas frecuentes, justo cuando ella estalla en el clímax. Mientras que cuando se empieza a relajar, conviene bajar también el ritmo y ser muy suaves, aunque sin dejar de estimular, porque, tras el orgasmo, el clítoris se vuelve hipersensible en la mayoría de las mujeres.