Erotizar con “armas secretas”

Un pañuelo de gasa o de seda puede ser un instrumento cargado de placer. Anudarlo detrás de la cabeza para tapar la visión del amante, rozándolo luego con todo el cuerpo para ir descubriendo que es lo que lo excita, es una experiencia que no te defraudara. Igualmente intensa es, que mientras el mantiene sus ojos cerrados o tapados, la mujer acerca a sus labios un pecho, la vulva, o los dedos de los pies, para que él se los bese o los lama. Si es ella la que tiene los ojos tapados y el quien lame su cuerpo, introduce sus dedos en su ansiosa boca y por último la recorre con el pene, sus sentidos actuaran como un gran potenciador del deseo.

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El pañuelo tiene muchas y muy sensuales posibilidades, como es pasearlo por todo el cuerpo del amante, recreándose en frotarlo suavemente por la delicada línea que hay entre las nalgas, rozando el ano, el perineo y los testículos, o impregnándolo del aroma sensual de la vulva húmeda. La pasión siempre es un ave de vuelo muy alto y quizás por eso transmitir sensualidad con la levedad de una pluma generara una temperatura sexual altísima. Las plumas de ave son aliadas indispensables en las sesiones que describen los tratados eróticos orientales. Recorrer el territorio de la piel con una o varias plumas, trazando sobre ellas los caprichosos itinerarios que te va dictando el deseo y atendiendo a las distintas partes del cuerpo que se despiertan con su contacto, proporciona a los amantes sensaciones inolvidables y nunca antes vividas.

Debemos recordar en todo momento que, aunque unas zonas son especialmente erógenas, es el total del cuerpo lo que recorre la corriente sexual, por lo que ningún trozo de piel merece quedar fuera del alcance del goce y el placer. Los pies son una zona que frecuentemente se olvida y sin embargo muchos hombres y mujeres consideran muy erótico que se los besen. A ellas, sobre todo, les gusta que se le recorra el círculo de los tobillos con la lengua húmeda y ambos, hombre y mujer, gozan cuando se les lamen con mucho morbo los dedos de los pies. Ellos, en especial, suelen asociar este estímulo a la succión del pene. Acariciar las plantas de los pies, produciendo leves cosquilleos es intensamente sensual y placentero.