Excitarte con imágenes de su cuerpo

Un ajustadísimo pantalón que marca perfectamente todas tus formas, Un tirante muy fino de tu blusa o del brassiere que cae al descuido sobre tu sedoso hombro desnudo, la puerta transparente de la ducha que deja ver la silueta de tu hombre desnudo mientras se enjabona. Tu boca entreabierta con la lengua asomando y moviéndose llamando al placer.

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Muchísimas imágenes golpean tu mente y pueden convertirse en detonantes del deseo, de un anhelo físico…Y pueden ser parte de un juego de seducción, si tú apuntas a eso. Hay mensajes de provocación, siempre tienden a la provocación. Y todos, sin excepción quieren lograr la satisfacción sexual plena y total.

Un hombre siempre goza con la felación (la mamada) que le está haciendo su pareja sexual. Observa con muchísimo placer como lame  su pene con ansia. Y eso lo excita mucho. Pero de pronto ella levanta su cabeza y lo mira fijamente y sensualmente a los ojos, sosteniendo su mirada como si se tratara de un desafío. Sus ojos hablan y le dicen que lo está haciendo porque le gusta mucho y eso aumenta a niveles insospechados su pasión.

Una “escena” como la anterior necesita un elemento fundamental: La luz. No siempre los amantes se unen en un ambiente bien iluminado. Antiguos prejuicios, tabúes o falsos pudores por lo que algunos consideran defectos físicos o hábitos que se basan en inhibiciones hacen que la intimidad y el sexo más profundo sea a oscuras. Entonces no es posible ver los gestos de gozo de tu pareja sexual, ni los movimientos, ni las reacciones que le provocan las caricias, los besos y las lamidas. La luz te permite mirar a placer y ser mirado.

Te conectas con la otra persona y se estimulan mutuamente con el hermoso espectáculo del cuerpo desnudo del amante, con la visión de sus genitales excitados y los gestos que demuestran el profundo placer que siente en el momento del sexo oral y que se contagia a su pareja sexual. Esto es lo que ocurre cuando ella esta entregada y expuesta con las piernas abiertas y él juega con la punta de la lengua con su clítoris, sin pausa y con un ritmo suave pero firme. Por momentos la mira y se deleita con las reacciones de ella y la ve con los ojos cerrados, inspirada, la cabeza girando de un lado a otro y sus manos aferradas a las sabanas que arden con el fuego que contagian los cuerpos.