La “estigmatización” del placer anal se ha vuelto un tabú medico

William J. Robertson, antropólogo de la Universidad de Arizona (EE UU) ha investigado en cuantiosa literatura científica y encontró 147 estudios profundos sobre cuerpos extraños en el recto y el colon, paralelos  a una cantidad muy considerable de trabajos únicamente descriptivos. El especialista concluye contundente que la mayoría de los médicos refuerzan el “tabú del placer anal” y esto contribuye a que la mayoría de los pacientes eviten y retrasen la visita a un centro hospitalario, por una vergüenza extrema, y esto agrava la mayoría de los casos y comenta acerca de la situación de esta forma: “La presencia de un objeto en el recto ha sido durante mucho tiempo una fuente de chistes y sospechas tanto en la calle como en el discurso médico”.

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Culture, Health & Sexuality, una revista especializada, publico su análisis que destaca, entre otras cosas, que más del 69 % de los estudios médicos vincula los cuerpos extraños dentro del recto con prácticas y experiencias sexuales “pervertidas o aberrantes”. En esta publicación Robertson destaca “La medicina se basa en dividir las cosas en normales y anormales o patológicas. Por desgracia, lo anormal a menudo no se refiere simplemente a una variación respecto a la norma estadística, sino que ese anormal está envuelto en ideas derivadas de la cultura, acerca de lo que es un comportamiento moral”

El cirujano José Ignacio Rodríguez Hermosa, del Hospital Universitario Doctor Josep Trueta, en Girona, reviso unos 30 casos, que sirven de ejemplo para el antropólogo, que asegura que en 5 de estos casos un “factor asociado” era la homosexualidad. Robertson insiste en que es muy “curioso” que: “los heterosexuales no son clasificados como un grupo en el que se puedan observar cuerpos extraños, pese a que solo cinco de los 30 pacientes, el 17%, fueron identificados como homosexuales”.

Cirugía Española, otra revista especializada, publico un artículo donde el Dr. Rodríguez Hermosa enumera el universo de los pacientes que usualmente son tratados: “Esta patología se aprecia en reclusos penitenciarios, en personas con trastornos psicológicos, en intentos de suicidio u homicidio, en homosexuales, en actos eróticos, en prácticas sadomasoquistas, en casos de violación o agresiones sexuales, en personas semiinconscientes bajo los efectos de drogas o alcohol o en “correos” que ocultan narcóticos”.

“¿Por qué no situar los cuerpos extraños en el recto en el marco de prácticas sexuales consensuadas y saludables entre personas de varios géneros y orientaciones sexuales?” inquiere el antropólogo.

Paraguas, cañones de escopeta, cirios, pepinos, palos de escoba, tubos de aspiradora, mangos de martillo, botellas y, evidentemente, vibradores; son algunos de los objetos que se han descrito en algunos de estos casos. En 1919, en la revista estadounidense JAMA, se describe el primer objeto (un vaso) en el recto del que se habla en una revista médica.