El ano es el “preferido” de los jóvenes  para transmitir enfermedades sexuales

Es alarmante el repunte de Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) en jóvenes de 12 a 18 años de edad dentro de la población, de acuerdo con las más recientes estadísticas. El ano tiene mucho que ver en ello. “Están apareciendo de forma alarmante enfermedades como la sífilis, gonorrea, clamidias y sobre todo el Virus del Papiloma Humano (VPH) en ese segmento de la población, algo que no veíamos con tanta preocupación antes del año 2000. Estamos hablando por igual de varones y hembras, de cualquier tendencia sexual”, señala Leonardo Bustamante, médico cirujano especializado en Coloproctología.

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Estos jóvenes suelen utilizar el ano como método seguro para evitar embarazos no deseados. Las relaciones anales son una forma de mantener el himen como garantía de virginidad y de que la menstruación no estropee el calendario de actividades. El peligro llega con la promiscuidad, así como por la falta de uso de preservativos y lubricantes adecuados. Un aseo insuficiente tampoco contribuye con la situación. Es conveniente  aclarar que el ano no es un órgano sexual, sino un simple orificio ubicado en el extremo terminal inferior del sistema digestivo por el cual se excretan las heces y flatulencias.

“Es, en pocas palabras, una cloaca de desechos, que además tiene una serie de terminaciones nerviosas que pueden causar placer y excitación en hombres y mujeres al ser estimuladas. De ahí que se le asigne una función sexual”, explica J.J. Delgado Dupont, sexólogo y urólogo. Sólo los más conservadores se oponen al empleo del ano para tales fines. Los especialistas no se detienen en asuntos morales, pero sí defienden lo que podríamos llamar un “uso adecuado”.

“Es necesario que estos jóvenes se pongan el ‘condón’ en su autoestima, que usen el cerebro antes que cualquier órgano sexual o el ano. Sugiero para ellos mucha educación, pues suelen comenzar a tener relaciones porque el cine, la TV o sus amigos los incitan”, expresa Delgado Dupont. Bustamante recuerda, en tal sentido, cómo los galenos solían ser invitados a liceos y colegios privados a impartir charlas sobre sexualidad, algo que en la actualidad no está ocurriendo.

“Tengo como unos 15 días con eso”, suelen decir los pacientes cuando llegan al especialista con un problema derivado de una ETS. Una “picazón” o una “pelotica” suelen ser los síntomas. En la mayoría de las veces, los análisis revelan que la enfermedad de fondo tiene hasta más de un año desarrollándose, por lo que suelen presentarse manifestaciones de negación, autoengaño u ocultamiento en el ámbito personal.

En el caso del VPH, indicadores recientes  refieren que la enfermedad en el área genital y anal suele manifestarse con los virus 6 y 11, tipificados como de bajo riesgo. Hay, sin embargo, un mínimo porcentaje en que dicho virus es de alto riesgo, algo que podría derivar en cáncer de cuello uterino o de ano.“No basta con cauterizar o quemar las manifestaciones externas”, refiere Bustamante. “Hay que identificar la forma viral para atacarla debidamente. Somos del criterio de que el VPH es curable. Estamos manejando el cáncer de forma diferente, con resultados altamente satisfactorios”.

Hay casos en que, irremediablemente, el cirujano debe apelar por el cierre del ano, pues sus músculos se comprometen de manera tal que no ejercen la continencia adecuada. Es aquí cuando se recurre a las ostomías: intervenciones quirúrgicas en la que se practica una abertura (estoma) en la pared abdominal para dar salida a una víscera al exterior, en este caso el tracto intestinal. Las heces son depositadas en una bolsa. Así queda defecando el paciente por el resto de su vida.

Lamentable es, según Bustamante, llegar a tal solución en plena edad productiva del hombre o mujer –se han visto casos entre 30 y 35 años de edad. En otros casos, los pacientes son diagnosticados con infecciones urinarias severas, producto de las heces, bacterias y hongos que suelen encontrarse en el ano. Éstas no siempre son evaluadas como ETS.Y aunque el pene pareciera ser el objeto adecuado por excelencia, la pareja debería saber dónde lo han introducido antes para protegerse de una ETS.

En la consulta de Delgado-Dupont, los pacientes procedentes del área rural confiesan haber tenido sexo con cabras, patas, gallinas, perras y burras. Con ese mismo pene penetran a su pareja, causando infecciones en ambos. Es común en los varones presentar balanitis (inflamación del glande), enrojecimiento y hasta secreciones. Lo que no debe generar preocupación, en ningún caso, es el semen. Está científicamente comprobado que es una proteína, sin agentes que pudieran causar algún tipo de lesión o infección.