¿Qué es el punto P?

Todos sabemos que en las mujeres existe el controversial  punto G. Ahora, algunos especialistas aseguran que los hombres poseen un “punto equivalente” al femenino, llamada el punto P.

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Desvaux, un doctor especializado en el tema, considera muy importante aclarar, que dentro del tema de la sexualidad son prioritarios los usos, es decir: “aquello que los humanos practican entre ellos para obtener placer”, y la investigación científica se encarga de: “explicar y validar los efectos respecto de los diferentes estudios que se han hecho sobre el tema”. Y aclara, de una manera contundente, que hasta el momento no hay estudios científicos serios que defiendan y avalen la tesis de que el punto P es el equivalente al punto G femenino.

Todos coinciden al afirmar que este cuestionado punto P se refiere a la próstata, y su nombre alude justamente a ella. La estimulación del ano y de la próstata provoca sensaciones muy similares a las obtenidas durante las relaciones sexuales que implican el cuello del útero y el fondo de la vagina en las mujeres. Y de allí muchos plantean la comparación Punto G / Punto P.

“Cuando se estimula la próstata, debemos atravesar la zona del esfínter anal, particularmente inervado y musculoso”, destaca el doctor Desvaux, “La tensión del esfínter anal produce un primer tipo de sensación conocida por muchos. El masaje prostático, por su parte, puede producir una sensación más visceral, menos precisa en cuanto a la localización pero similar al orgasmo profundo en las mujeres.”

Todas las prácticas sexuales nuevas o desconocidas implican la exploración, que puede realizarse solo o acompañado. Es la única manera de tener acceso a estas “sensaciones” o placeres y conocer los efectos que puede producir en cada uno.

Si quieres abordar esto con tu pareja, Devaux aconseja preguntarle a tu chica si ha oído hablar acerca de la estimulación de la próstata y preguntarle qué opina sobre ello. “Así sabrás si para ella es una práctica reservada a los chalados, a los pervertidos o a los homosexuales”, explica Desvaux. Luego cuéntale acerca de tu curiosidad por esa práctica y proponle explorar e investigarla con ella.

La penetración anal en los hombres heterosexuales es una práctica tabú e incluso “prohibida” para algunos machistas o moralistas, porque siempre se asocia con la homosexualidad y la sumisión o dominio sexual: “Las imágenes y la simbología que se asocian a la sodomía masculina suelen ser un freno a esta práctica”, asegura Desvaux; explicando – de alguna manera – porque en pleno siglo XXI con toda la supuesta actitud más amplia hacia el sexo, muy pocos hombres se atreven a incursionar en este terreno y casi todos los que lo hacen lo mantienen en secreto extremo o se sienten culpables. La inquietud está servida.