Reprimidos al nacer (Video)

A los niños, desde su nacimiento, se les inculcan los valores sexuales con mensajes sutiles. Información que generalmente, es negativa: “No te toques ahí!” “Date la vuelta y no mires!” “No digas eso…!” En esa primera fase de la formación de nuestra personalidad, el sexo siempre aparece como tema oscuro y opaco; es como una especie de agujero negro que ejerce una poderosa atracción, pero que no lo ves, ni sabes lo que es.

Los adultos o mayores siempre hablan de “ese” tema sigilosamente y con medias palabras, pensando y asegurando que el niño no entiende nada. Y si el niño pregunta algo, los mayores contribuyen a aumentar el misterio: contestan con balbuceos inconexos, postergan las respuestas para cuando seas mayor o reprenden, a veces con dureza, “semejante atrevimiento”, como si fuera malo o prohibido hablar de “eso”.

Esta amplia gama represora o castradora va desde la mentira o la evasión, hasta el castigo, sin saber la causa. En ese clima de oscurantismo, lo sexual comienza a mezclarse o confundirse con lo prohibido. Y lo prohibido se transforma inmediatamente en lo deseado, más aun si lo impulsa un instinto básico. Un instinto muy natural que empieza a tomar forma evidente en respuestas físicas notorias en la pubertad.

El adolescente, pleno de energía sexual, sin saber qué hacer con ella, termina de llenar de contradicciones su mente, que ya está confundida. Y el sexo prohibido y misterioso se enfrenta en una lucha abierta con la fuerza natural del deseo que se desborda. Ese diluvio de sensaciones es asumido con mucho disimulo y culpa, porque el adolescente piensa que su apetito sexual es inadecuado: toda la contundente educación represiva y el mensaje que le transmite el entorno repiten constantemente que lo que siente no se hace, y si se hace no se dice.

La represión se alía entonces con la hipocresía. Con estos valores termina construyéndose una sexualidad incompleta, que provoca una irregular y a veces escasa satisfacción. A partir de una visión tan sesgada de la sexualidad su desarrollo, debe entonces, sortear numerosos obstáculos para desprenderse de los principio de las doctrinas represoras inculcadas con anterioridad.

Luego debe vencer miedos y temores a la libertad de elección y permitirse, así mismo, dar y recibir placer pasándole por encima a las inhibiciones.