Sexo suave y Sexo duro con ligaduras

El goce debe ser mutuo. Con las ligaduras o amarres disfruta tanto el que esta maniatado como quien lo controla y somete. Para quien se encuentra atado no se trata solo de un ejercicio indiferente de abandono a la voluntad del otro; se interpreta como un acto de entrega al amante, con una gran carga de voluptuosidad y morbo. Mientras que para el compañero sexual el estímulo es tener el control de la situación y ser, además, testigo del gozo de su amante.

Bondage_Dulcesex

Aunque, de manera indudable, el protagonista principal del juego es el que está atado. Su actitud pasiva al dejarse maniatar y quedar inmovilizado a merced del otro ya le crea una gran excitación. Pero esta práctica sexual también se combina con otras formas lúdicas eróticas, como son: la de exhibirse, disfrutar mirando, el juego de roles o la clásica situación de dominación-sumisión, a la que se asocia tradicionalmente el Bondage.

Es probable que por esta última vinculación se hayan relacionado las ataduras con un sexo más duro o “hard”, orientado hacia un sometimiento tortuoso.  Sin embargo, no tiene por qué ser necesariamente así, pues es posible unirlo a la idea de un sexo afectivo, cálido y suave, donde desempeña un papel muy importante el ambiente y el uso de ciertos materiales, como la seda, para los amarres o ataduras

La elección de determinados materiales puede derivar hacia un momento de fetichismo, pues en determinadas ocasiones los amantes tienen un estímulo adicional: la excitación que les produce el olor de algún elemento o cuerda, la textura de un trozo de tela o algún pañuelo o el significado que pueden tener oculto unas esposas.

Muy a menudo algunas parejas recurren a las ligaduras como una fórmula “no tradicional” de estimulación que les permite huir de una rutina que aburre, hacer renacer el deseo y la pasión con mucho más intensidad y a veces vencer antiguas o muy viejas inhibiciones de una manera moderada y controlada que incluye el placer.

A veces puede suceder, que la repetición del juego de las ataduras, de los materiales que se utilizan, de las posturas que se adopten y hasta de los nudos realizados, hace que la práctica se transforme en otra rutina, una vez que se ha superado la novedad inicial. Por lo que se hace necesario un cambio constante en las formas y en el comportamiento, producto de un inconformismo equilibrado, será la verdadera solución contra unas relaciones que se repite y se vuelven mecánicas y tediosas.