Podolatría: El oscuro encanto de los pies

Más allá de las populares nalgas y los deseados pechos, hay otra parte del cuerpo que es objeto de deseo inconfesable: los pies. E incluso se ha creado a su alrededor una especie de mitología de la adoración silenciosa que solo se maneja en ámbitos privados e íntimos, pues los pies no tienen una buena imagen social como depositarios del poder sexual y erótico.

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La Podolatría (del griego podo, pies; latría, adoración) está dedicada a todos aquellos que sienten una atracción especial por los pies, y en quienes despiertan deseos y fantasías sexuales. Los países de Extremo Oriente, China, Japón, y Tailandia, entre otros, han sido el origen de estas prácticas. En Japón, por nombrar uno solo, son muchos los amantes que inician los juegos previos a partir de los pies, con caricias, masajes, besos y chupetones en los dedos, con una cierta influencia de la Reflexología.

Esta ciencia considera los pies como una representación de otros órganos del cuerpo humano, incluyendo los genitales. De manera que estimulándolos en puntos específicos es posible despertar el deseo sexual en la pareja. Y el caso es que no solo logra excitarse quien recibe la estimulación manual y oral, sino también quien la realiza.

En otra cultural oriental, la china, se construyó el mito; a partir de una leyenda que remonta la temática hasta el siglo XI…Se decía que la emperatriz Taki había nacido con una malformación congénita que le había proporcionado unos pies muy pequeños. Y su padre, para evitar que se sintiera diferente y discriminada, decreto que cualquier mujer aristócrata del imperio, para sentirse atractiva y bella debía tener los pies diminutos.

A partir de ese momento, a las niñas se les vendaron los pies desde su nacimiento, para evitar el desarrollo de los mismos, de esta forma al llegar a los 13 años estarían totalmente atrofiados y no midieron más que unos 8 cms. Y así, los pies muy pequeños llegaron a tener una consideración muy especial.

Por el contrario, en occidente la explicación gira en torno a la Psicología, al igual que en otros casos de fetichismo, los pies resultan un centro de atención muy especial en la primera infancia para los padres del niño, pues suelen acariciarlos y besarlos a menudo, como una demostración de afecto. Pero también para el niño, que juega con sus pies cuando los descubre, a los pocos meses de vida y gracias a su increíble flexibilidad, se los mete en la boca y se entretiene chupándolos como si se tratara del pezón materno.

Por lo que no resulta entonces demasiado extraño para un adulto, retroceder hacia el recuerdo del placer y el afecto que le rindieron sus pies, saltándose las prohibiciones morales que se le impusieron como mensajes represivos: Los pies son sucios y no debes tocarlos. Y la realidad se presenta para algunos muy distinta: lo único que le proporcionan es placer y se plantean: ¿Qué puede haber de malo en eso?