Internarse en el placer del pene

El hombre disfruta con muy diversos estímulos, pero sobre todo disfruta con la excitación directa sobre los genitales. Cuando ella lo acaricia con la mano, la vulva, los pechos y otras partes del cuerpo, o con juguetes eróticos, el pene va respondiendo desde sus terminales nerviosos con una potente carga de energía erótica.

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Pero antes de la caricia directa sobre el miembro, la mujer que es intuitiva y sensible sabe cómo despertar la energía de su amante, provocando que la tensión vaya creciendo poco a poco para que la sensación final sea más intensa. Probando y descubriendo, ella debe aprender lo que a él más le gusta, simplemente jugando y disfrutando al mismo tiempo que su amante.

A él le basta con ver su pene entre las manos de ella para excitarse y cuando lo encierra entre sus dedos, mientras a la vez acaricia la sedosa piel del glande, jugando con el frenillo o trazando círculos en él, su cuerpo se estremece por descargas de placer.

También para estimularlo, la lentitud y la suavidad son claves que hacen crecer el ansia sexual; cosquillear los delicados huecos entre las ingles o recorrer los testículos con las yemas de los dedos, sosteniendo al mismo tiempo el miembro y acariciándolo desde la raíz hasta la punta, elevan a tal grado la erección que muchas veces aparecen las primeras gotas de líquido seminal o semen, humedeciendo el glande.

Las fuentes de goce que ofrece el sexo son ilimitadas y merecen disfrutarse con los 5 sentidos; además del aliciente de la vista ante el cuerpo desnudo, de la sensación que transmite el tacto de la piel, los aromas que fluyen de la excitación y los murmullos o palabras que enervan el oído, aún hay otro estimulo sensualmente muy especial: saborear al amante.

El interior de la boca, la lengua y el paladar son extremadamente sensitivos, no solo porque son puntos erógenos, sino también porque están muy poblados por las muy sensibles papilas gustativas. Por eso no es casual que a menudo se compare el disfrute sexual con los refinamientos gastronómicos y del paladar, por lo que internarse por esa ruta une ambos placeres, proporcionando sensaciones muy intensas.

De la imaginación de ambos amantes depende los sabores que elijan para aumentar su excitación; las variantes son múltiples y es probando como ambos descubrirán sus preferencias.  Ella puede recubrir el pene de el con mermelada o nata y disfrutar reuniendo en su boca los intensos sabores del dulce y la piel palpitante del miembro, hasta saciarse.