Dos posturas para hacerle sexo oral a ella

Equilibrio sensual:

Recuerda a las cortesanas del siglo XVIII, que postraban a sus románticos y eróticos amantes a sus pies y entonces siéntate en un banco o taburete y levanta una de tus piernas. Tus nalgas te mantendrán en un equilibrio erótico y sensual, mientras que con una mano debes asirte a un saliente o algo parecido para sostenerte. Quedaras expuesta, como diciéndole: “soy toda tuya”.

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El arrodillado en el suelo, a tus pies, se masturba lentamente jugando con la piel caliente de su pene erecto. Mientras él te mira tú sexo imagina lo que su lengua lograra en tu vulva. Él acerca su boca y comienza  a darte lamidas largas y potentes que harán temblar tus labios. El sigue a un ritmo constante, sin pausas y con ardor. Tú comienzas a agitarte y tu posición inicial la vence tu excitación, lo que te lleva a acariciar los pechos y a pellizcar tus pezones.

El conserva el mismo ritmo en la lengua que en la mano que le da placer. Tú, instintivamente bajas cada vez más la pierna levantada, abriéndola y dejándola casi caer. Quieres que el hunda su cara en tu sexo y que coma tu clítoris. El responde a ese mensaje sin palabras y su lengua busca entre tus pliegues rosados y húmedos hasta que llega a tu clítoris. Allí si acelera el ritmo de su lengua y su mano.

La Ofrenda:

Sobre la cama, ella se acuesta muy despreocupadamente boca abajo. Apoyada sobre sus antebrazos, levanta la pelvis, para dejar sus glúteos en alto. Desde atrás él puede contemplar lo que se le está ofreciendo: una vulva rosada a la espera de la lengua que la haga gozar. Él se agacha y se arrodilla, con sus manos acaricia los glúteos, sigue su camino por la hendidura de las nalgas y luego palpa el interior de los muslos. Ella mira hacia atrás con deseo y, se apoya en sus manos, levantando un tanto más sus caderas, como reclamándole.

Su amante juega con los dedos en la vulva, mientras introduce su cara entre sus nalgas y su lengua hace círculos alrededor del ano hasta que lo besa y siente sus latidos. Luego su lengua tibia sigue rumbo hacia los labios menores, donde toda la humedad es la prueba de la máxima excitación. Ella disfruta no solo con esas sensaciones; gira su cabeza<a y mira hacia atrás para observar cómo le proporciona extremo placer su querido amante.