Soy Lola y soy intersexual (Testimonio real)

«Soy Lola, soy intersexual, y os voy a contar mi historia».

«Lo primero que le dijeron a mi madre en el hospital donde nací fue: tiene vulva, es una niña. A partir de ahí comenzó todo ese proceso de socialización en la feminidad: asignarme un nombre de niña, educarme como a una niña, ponerme ropa y vestidos de niña, comprarme juguetes de niña, etc. Así durante toda mi infancia. Crecí siendo una niña normal, como cualquier otra. Pero el conflicto llegó en la adolescencia. Cuando cumplí los catorce estaba muy preocupada, todas mis amigas tenían ya la regla y estaban totalmente desarrolladas, pero yo no. Mis pechos eran pequeños, era más alta que las demás, y no tenía apenas vello ni en las axilas ni en la vulva. Fue entonces cuando mamá me llevó al endocrino y empezaron las pruebas. Unos días después nos dijeron que yo, que hasta ese momento había sido socializada como cualquier otra niña normal, tenía unos cromosomas XY, como los de un niño».

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«Siguieron las pruebas y ahora además de ser Lola, físicamente una mujer, pero XY, también me dijeron que no tenía útero, ni tampoco trompas. Sí tenía vagina pero era más corta de lo habitual y también tenía unas gónadas que no se habían llegado a desarrollar ni como ovarios ni como testículos. Por eso no me bajaba la regla, y por eso también soy estéril».

«Según los médicos yo tenía un síndrome (el de un tal Morris), también se conoce como insensibilidad a los andrógenos (SIA). Me dijeron que había muy pocas personas como yo y me pusieron de ejemplo a una preciosa actriz de cine, supongo que para hacerme sentir mejor. En definitiva, que no teníamos que preocuparnos. Según ellos estos eran los pasos que había que dar: extirpar las gónadas cuanto antes porque es probable que en el futuro puedan desarrollar un tumor, alargar la vagina para poder tener relaciones sexuales normales y placenteras, y empezar a medicar con estrógenos (hormonas femeninas) de por vida».

«Fue entonces cuando mi familia y yo, totalmente perdidos, por algo que jamás habíamos oído, nos encontramos sin más información que la que nos dieron los médicos, y seguimos sus pasos porque la palabra tumor nos asustaba y no teníamos otros puntos de vista diferentes ni conocíamos a otras familias. Y así de fácil, con unas “simples” operaciones, se solucionaba el problema. Pero eso sí, por si acaso mejor mantenerlo en secreto, no vaya a ser que la gente de mi entorno empezara a pensar que ya no era una chica normal. Como me sintiera yo poco importaba. ¿Sabéis qué es lo más duro?, el silencio. Ese maldito silencio que nos hizo vivir todo esto como un drama: con angustia, con dolor, y lo más triste, en soledad».

«Y así fue, desde mi adolescencia y hasta hoy. Y resulta que unos años después empecé a conocer a más personas como yo, con historias similares a la mía y con experiencias muy diversas. Personas como María, que vivió sesenta años en silencio, sin decirle nada a nadie. Otras como Ángela, que al llegar a la adolescencia su clítoris se agrandó y con la excusa de que tenía cáncer de ovario (era mentira) fue intervenida en diferentes ocasiones. También conocí a personas como Laia, que nació con los labios fusionados y ya tendrá elección sobre su cuerpo cuando sea mayor. A algunas, como a Gaby, la cirugía les ayudó a sentirse mejor y a llevar una vida feliz, pero a Leo, que nació con el agujero de la uretra en un sitio diferente al normativo, la cirugía le dejó múltiples cicatrices y eliminó su capacidad para sentir placer sexual. Conocí a personas como Cova, una atleta a la que le prohibieron competir cuando se enteraron que sus cromosomas eran XY, a pesar de ser insensible a los andrógenos, y otras, como Álex, XXY, que hizo hasta un documental de su vida. Y muchas otras a las que seguiré conociendo porque además ahora sé que también hay un grupo de apoyo».

«Nos definimos de diferentes formas: como intersexuales, mujeres XY, hermafroditas, no binarias, con los diagnósticos clínicos… y otras prefieren no hablar de ello porque, en definitiva, todas somos personas. Aún con opiniones diferentes y experiencias muy diversas, estamos trabajando para empezar a tener más información antes de tomar decisiones, para que los y las médicos trabajen junto a las familias y no lleven a cabo cirugías si no es necesario dándonos siempre elección sobre nuestros cuerpos, para que empiece a haber más conocimiento sobre estas realidades y para que se empiecen a respetar nuestros derechos como personas».

«Ahora ya no me da miedo a contar mi historia cuándo quiera y a quién quiera porque ahora sé que no tengo ni un problema ni una enfermedad. Igual es este sistema conservador, patriarcal y binario el que está enfermo, el que no quiere abrir los ojos a la diversidad. Y somos conscientes, sabemos que el camino es muy largo y aún hay que dar grandes pasos, pero gracias al trabajo y al respeto entre las diferentes realidades ya empieza a haber más apoyo, más información, y más alternativas».

«Por eso hoy estoy aquí, por eso os cuento mi historia, por eso me atrevo a decir que yo soy Lola, que soy una mujer intersexual, que me gustan y me enamoro de las personas independientemente de sus genitales y cromosomas (como lo hice con mi actual compañero de vida), que aunque mi vagina fuera más corta tengo un clítoris supe placentero; y que cuento con una familia estupenda que siempre ha estado a mi lado».

Historia publicada con la autorización de Lola (mujer intersexual española) Vía Pikaramagazine (publicación original)