¿Qué deben saber las mujeres sobre los hombres?

Sin caer en generalizaciones, sexólogos e investigadores coinciden en afirmar y reconocer que la sexualidad masculina es en términos generales más visual, genital y pulsional que la femenina.  De esas características, que son más tarde modificadas, pues son personalizadas por la historia particular de cada uno, derivan los comportamientos que pueden provocar incomprensión o conflicto en la relación con el sexo opuesto.

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Una excitación, es en un comienzo visual: El deseo de los hombres se enciende muy especialmente por la vista. Parea despertar a un hombre, puedes descubrir que desencadena el deseo de tu compañero. ¿Qué locación o puesta en escena? ¿Qué erotización del cuerpo? ¿Qué recuerdos o imágenes?

Una ansiedad focalizada en su sexo: Esta ansiedad y obsesión consume una gran parte de su energía psíquica. De ahí, se genera un comportamiento sexual centrado, muy a menudo en los genitales, que puedes considerarlo como una forma de egoísmo o una actitud un poco primaria, cuando en realidad, puede ser la expresión de su ansiedad. Para calmarlo, puedes darle seguridad con tus palabras y tus gestos.

Una producción de hormonas sexuales continua: Dicho en otras palabras, de testosterona. Por esto, los hombres están más sometidos a la pulsión sexual que las mujeres. Lo cual desencadena mal entendido y muchas quejas sobre el tema: “Nunca tienes ganas” versus “No es el momento”. La sexualidad masculina es más genital, mientras que la de la mujer es más integral y engloba todo el cuerpo.

Fina Sanz, sexóloga, psicoterapeuta y pedagoga, en su libro Psicoerotismo femenino y masculino destaca: “Así como la mujer desarrolla mucho lo que se ha descrito como “globalidad” y ha inhibido más sus sensaciones genitales, en la erótica masculina pasa a la inversa: la focalización genital ha inhibido, en gran medida, el desarrollo de la globalidad” A pesar de esto, los hombres pueden aprender también a desarrollar una sexualidad no tan focalizada en los genitales, cuyo último fin parece ser siempre la penetración, aprendiendo a desarrollar su sensualidad a través de caricias y masajes.

Este tipo de sensualidad se explora especialmente en el sexo tántrico, pues el tantra es una alternativa que trasciende el sexo masculinizado; cuyo lema (inconscientemente) seria: “Si no hay penetración, no hay sexo” y que rompe la tendencia a considerar el sexo como una descarga, para convertirlo en un momento de carga y expresión creativa.