Redescubriendo nuestra sexualidad

A pesar de los logros alcanzados, gracias a la emancipación de la mujer, todavía hoy muchas mujeres viven una sexualidad supeditada a los deseos de los hombres. “Educadas para no pedir, para dar y disponerse para el otro, para priorizar los deseos del varón, considerándose en segundo plano, algunas han ido auto anulándose” asegura la Dra. Fina Sanz, psicóloga, psicoterapeuta y pedagoga, en su libro Psicoerotismo femenino y masculino. Otras han asumido una sexualidad menos restrictiva, pero, faltas de referente sobre lo femenino, lo han hecho siguiendo los códigos masculinos.

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“Tienden a recuperar su sexualidad asumiendo la erótica del varón como suya propia – señala Sanz- y culpándose cuando la cualidad de sus deseos o la intensidad de los mismos no coinciden con los masculinos” A su vez, muchos hombres han aprendido a limitar su sexualidad a la genitalidad, sin explorar las posibilidades eróticas del resto del cuerpo, y a menudo desligando la sexualidad de las emociones.

Afortunadamente, esos modelos limitantes para hombres y mujeres están cada vez más obsoletos, y unos y otras están cada vez más abiertos a explorar su propia sexualidad más allá de los tópicos y a procurar comprender la de sus compañeros o compañeras. También a asumir que lo femenino y lo masculino conviven y se necesitan mutuamente, que todos tengamos en nosotros una parte femenina y otra masculina más o menos desarrollada, y que explorar las cualidades de ambas nos ayuda a conocernos mejor y a gozar más.

Una sexualidad completa es aquella que integra la parte física y corporal (genital) con la parte más emotiva y afectiva (sensualidad y erotismo). La combinación de ambas partes, la masculina y la femenina, ayudara a disfrutar del buen sexo, evitando posibles carencias en uno de los miembros de la pareja. Para gozar plenamente del sexo, el primer paso es conocer cómo se desencadena nuestro propio deseo. Para disfrutar de una buena sexualidad es fundamental conocer nuestro cuerpo.

Si una persona desconoce lo que le gusta porque no ha tenido la curiosidad de experimentar con él, no podrá expresar a la pareja sus deseos, gustos y necesidades sexuales y, por lo tanto, tampoco podrá proyectar sus conocimientos sexuales en ella. Se trata no solo de conocernos, sino también de darnos a conocer, porque el otro no siempre puede adivinar lo que nos gusta y como nos gusta. Es muy importante no tener miedo y a la hora de pedir y demandar lo que nos satisface en el terreno sexual, pues los verdaderos responsables de nuestro propio placer somos nosotros mismos.