De crueldad oriental a la sofisticación erótica

Las ligaduras tienen diversos antecedentes, pero de todos ellos se han tomado ejemplos o se han copiado algunas situaciones para representar sexualmente: desde los inocentes juegos infantiles de indios y vaqueros hasta las esposas que inmovilizan a los presos. Sin embargo, los orígenes del Bondage se remontan a varios siglos atrás. Son localizados en la siempre misteriosa cultura japonesa y no son nada agradables, ni lúdicos.

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En el Japón violento y feudal del siglo XVI, se imponía un código de penas a criminales que incluían la tortura y la ejecución mediante ataduras con cuerdas en 4 grados crecientes. En el primero, la cuerda se utilizaba para azotar a los delincuentes, en el segundo, eran golpeados con cuerdas que llevaban una piedra atada en el extremo, en el tercero se les cortaba la respiración de la sangre mediante el ajuste de las ligaduras y en el cuarto, se los mantenía colgados de cuerdas durante varios días.

Entre los siglos XVII y XIX, cuando la dinastía Tokugawa mantuvo al país nipón semi aislado del resto del mundo, se recuperaron viejas tradiciones. La ligadura de cuerdas dio paso al desarrollo de un arte marcial, el hobaku-jutsu. El objetivo era capturar y someter a los ladrones utilizando cuerdas. Pero no se trataba ni de trampas ni de lazos simples, sino de un complejo código en el que las formas de las ataduras –cada nudo- tenía un significado simbólico que se aplicaba según la edad y profesión del delincuente, la clase social a la que pertenecía o el crimen que había cometido. Cuando se lo colgaba o maniataba en la plaza del pueblo, se podía conocer todo lo que había hecho “leyendo los nudos y el tipo de cuerda que lo sujetaba”

Las primeras ataduras eróticas documentadas datan de mediados del siglo XIX, cuando Japón empieza a abrirse al mundo occidental y su cultura seduce  a cierta parte de la élite europea y norteamericana. El Bondage abandona entonces su pasado violento y se reconvierte en una sugestiva variante erótica, en una dulce tortura, dejando de lado el peso de las crueldades que había significado en el pasado. En la actualidad es una práctica consentida entre los amantes, con técnicas y límites claros, que abre otro camino para aumentar la intensidad de la relación sexual.